miércoles, 23 de marzo de 2011
martes, 9 de marzo de 2010
La revolución olvidada
Cien años han transcurrido desde que surgiera la CNT. Cien años de lucha anarcosindicalista por la emancipación de los trabajador@s como viene a decir la Internacional y se refleja en los estatutos de este sindicato. Nació en tiempos de crisis finisecular ,que hizo mella especialmente en la clase obrera, la cual padecía una asfixiante e indigna situación económica y social, propiciada por burgueses, aristócratas y patronal, siempre indolentes a las penurias de la clase obrera. Ante esta situación, surgen las reivindicaciones del proletariado y urge la necesidad de ejecutar profundos cambios sociales, lo que supone el banderín de arranque para que los anarquistas comenzaran a coordinarse en España con el objeto de crear una gran organización de trabajadores y ciudadanos, que tenían como meta la Revolución Social. De este modo, despuntan, a principios del siglo XX en las zonas más industrializadas del país como Barcelona y otras campesinas de Extremadura o Andalucía, agrupaciones ácratas como la Federación Anarquista y la Solidaridad Obrera, gérmenes de la CNT, constituida en 1910. Colectividad que procura una nueva sociedad basada en el socialismo libertario y que alcanzó su mayor expansión en 1934, con 1.500.00 afiliados. La dignidad de este agrupación de jornaleros y obreros hicieron realidad la hoy olvidada revolución libertaria, que comenzó pacíficamente en el 34 y se prolongaría hasta el final de la Guerra Civil, al ser derrotada militarmente. No dudaron entonces en tomar tierras para colectivizarlas, ocupar fábricas y gestionarlas directamente; en muchos pueblos llegaron a descentralizar totalmente el poder: funcionando en comités, poniendo en práctica la democracia directa, resolviendo de manera asamblearia las necesidades del pueblo y aboliendo el dinero. Así, se enraizó el anarquismo en España con la colectivización de empresas, la acción directa, las primeras propuestas de igualdad de género, o la educa ción libertaria como vademecum y una economía autogestionada.Para escritores y luchadores de este periodo como el desaparecido Abel Paz, los proletarios españoles protagonizaron “la revolución más profunda que se conoce en la historia“, superando incluso a la Rusa, en algunos preceptos. Una revolución que ha “quedado oculta por la mentira” puesto que los trabajadores y trabajadoras aportaron en aquellos años “soluciones a muchos problemas que se han planteado después“ tal y como explicó él mismo autor en una entrevista concedida el año pasado, con 90 años, y recogida por CNT.
Paz, seudónimo de Diego Camacho, historiador y biógrafo de Durruti, ofrece en su amplia bibliografía una ilustrativa estampa de los años en los que comenzó su militancia cenetista y sus experiencias en las cárceles franquistas. Obrero, insumiso, antifascista, represaliado. Este impresionante ser humano contribuyó cuanto pudo con su pluma y activismo en la difusión de valores libertarios y la lucha anarcosindicalista. Su mirada ácrata se hace indispensable para conocer la otra historia, la no oficial, la clandestina, la olvidada, la que no se imparte en las aulas. A través de sus escritos da fe de experiencias y retos libertarios como el propósito de crear una editorial anarquista internacional, las actuaciones de grupos autónomos para sufragar actividades y contar con cajas de resistencia en solidaridad con otros compañeros. Ofrece detalles de las divisiones y contradicciones dentro del seno anarquista, además de analizar las divergencias y las líneas de acción de otros movimientos obreros, antes, durante y después de la contienda civil. Y por su puesto documenta las acciones de las milicias y recoge capítulos interesantes de la historia de la Federación Anarquista Ibérica, entre otros muchos hechos importantes para comprender de un modo más completo la historia de nuestro país.
Por todo ello, me he querido sumar a esta celebración con este breve homenaje a tod@s los que como Abel creen en la anarquía como una actitud natural que nace de la rebeldía y la injusticia, en contra del mal empleado concepto de caos o desorden, al que suele asociarse malintencionadamente. Para este autodidacta libertario el anarquismo goza de buena salud en los actuales movimientos ecologistas, ocupas o feministas, por lo que instaba en sus últimas palabras recogidas en un medio antes de su fallecimiento a la creación de una gran plataforma libertaria que englobe estos colectivos y por su puesto el anarcosindicalismo, basado en la organización de los trabajador@s.
SALUD Y ANARQUÍA COMPAÑER@S REBELDES
Maria Jose Rodríguez Fernandez
lunes, 15 de febrero de 2010
Camillo Berneri: la evolución constante del pensamiento
Camillo Berneri nació en Lodi en 1897, durante su infancia vivió en diversas localidades italianas debido a los constantes traslados producto de la profesión de maestra de su madre, que era también escritora juvenil y tenía unas ideas progresistas que debieron marcar al pequeño Camillo. Muy joven comenzó su militancia política en la Federación Juvenil Socialista de Reggio Emilia, donde llevó a cabo una intensa actividad cultural y de agitación. Tres años más tarde dejaría el Partido y se adscribiría al anarquismo; como testimonio de su voluntad dejaría el texto “Carta abierta a los jóvenes socialistas de un joven anarquista” en la cual denunciaba la degradación del partido socialista italiano. A partir de entonces sus esfuerzos se vieron dirigidos al antimilitarismo donde se encuadraba la mayor parte del anarquismo italiano; a pesar de ésto fue llamado a filas y confinado -cuando se descubrieron sus ideas- finalmente en la isla de Piavosa hasta 1919. Por otro lado, la revolución rusa había impactado en Europa. Berneri la defendió en un principio aunque muy pronto aumentaron sus críticas dado el cariz autoritario que estaba tomando el proceso revolucionario soviético. Fruto de estas críticas -así como de algunos análisis de los problemas con los que a su parecer se encontraba la revolución- son los textos publicados a partir de junio de 1919 en el periódico de Ancona Volontá, dirigido por Luigi Fabri. En 1921 se distanció definitivamente de la experiencia rusa como dan fe sus escritos en el periódico dirigido por Errico Malatesta Umanitá Nova. Acabado el servicio militar, Berneri se reincorporó a sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Florencia licenciándose en 1922 y ejerciendo de profesor de enseñanza media entre 1923 y 1926. En estos años desarrolló un intensa actividad pública centrando sus esfuerzos en la reorganización del movimiento anarquista y la lucha contra el fascismo. Sus escritos en las principales revistas anarquistas se multiplican tocando gran variedad de temas: sindicalismo, filosofía, cuestiones pedagógicas y literarias, emancipación de la mujer... la cuestión del federalismo tendrá una capital importancia como demuestran los artículos “Contribución a un debate sobre el federalismo”, “El federalismo de Piotr Kropotkin” y “Por un programa de acción comunalista”, con estas reflexiones pretendía dar respuesta a las muchas ambigüedades organizativas que rodeaban las alternativas al centralismo estatal. A finales de 1926 el régimen de Mussolini -el fascismo estaba en el poder desde 1922- obligó a los enseñantes a jurar adhesión al régimen. Berneri se negó con lo que no pudo ejercer más la enseñanza e inició un exilio del que no retornaría. Durante los siguientes diez años viviría un asedio constante, durante su exilio en varios países, por parte del espionaje fascista italiano, lo cual no hizo disminuir su producción intelectual de colaboración en diversos periódicos. Su obsesión constante fue la de concretar las propuestas anarquistas con vistas a una posible revolución en Italia materializada en diversos textos publicados en el periódico Lotta Umana, donde también participaban en esta labor Luigi Fabri y otros. También publicó en estos años varios trabajos de denuchia sobre el fascismo y su carácter represor contra toda oposición. Berneri era optimista sobre la caída del poder fascista argumentando que la represión a gran escala no lograría la normalización en el poder así como sobre el nacimiento de un esfuerzo revolucionario en el pueblo italiano. Tales previsiones no se cumplieron y la situación continuó siendo muy dura aumentada además por la disgregación del movimiento antifascista, situación también denunciada Berneri. En 1929 nació el movimiento Giustizia e Libertà propulsado por Carlo Roselli y jóvenes republicanos y liberales tanto en el exilio como en el interior. Su intención era que la acción revolucionaria de las masas derrotase al fascismo y que surgiera una italia republicana. Tanto Berneri como el anarquismo mantuvieron puntos de contacto pero de igual manera diversas polémicas y puntos de fricción. Uno de los mayores empeños de Berneri fue el de desmitificar el culto al obrero y a las clases bajas que sufría gran parte de la izquierda. Resultado de esta reflexión son sus grandes obras: El culto al obrero, de 1934 y Humanismo y anarquismo, en 1936. A finales de julio de 1936, días después de la sublevación fascista, Berneri llegó a Barcelona. Enseguida se encargó de reagrupar y organizar a aquellos voluntarios que llegaban a combatir el fascismo en una columna italiana que pronto partiría hacia el frente de Aragón. Por diversos problemas físicos, Berneri tuvo que dejar el frente dedicándose en Barcelona a una labor cultural y propagandística, realizó diversas emisiones radiofónicas dirigidas a voluntarios italiana y trabajó en la edición del periódico Gerra di classe. En esta publicación retomó el tema de la revolución rusa ya con un espíritu tremendamente crítico con la perspectiva del tiempo y de la situación en la España de entonces. Trabajos suyos en este sentido son “El Estado y las clases”, “La abolición y extinción del Estado” y “La dictadura del proletariado y el socialismo de Estado”. Otro foco de análisis para Berneri en Guerra di classe era la situación en España y su toma de posición al respecto. Uno de sus mejores textos sobre esto lo constituye “Carta abierta a la compañera Federica Montseny” donde censura la intervención anarquista en el gobierno republicano y reafirmaba su deseo de que la revolución caminara paralela a la victoria sobre Franco. Otra actividad a la que se dedico Berneri en Barcelona fue al análisis de la documentación del Archivo del Consulado Italiano en Barcelona, gracias al cual elaboró Mussolini a la conquista de las Baleares, publicado en 1937 y en el cual informaba de los deseos imperialistas del líder fascista en el área mediterránea. El propio Berneri hablaba de su rigurosa labor en este trabajo y de haber utilizado todo lo honestamente de que era capaz los documentos recogidos. Las ultimas intervenciones públicas de Berneri, a principios de mayo del 37, fueron para hacer una defensa del POUM ante las acusaciones del PSUC de colaboración con el fascismo. También leyó en radio un emotiva elogio del recientemente fallecido Antonio Gramsci, comunista marxista, víctima del fascismo italiano. Pocos días después sería sacado de su piso junto a su compañero Francesco Barbieri por una patrulla de la UGT y de la policía. Su cuerpo aparecería al día siguiente acribillado a balazos. Otra víctima más de la infamia estalinista, otro revolucionario internacionalista que vino a luchar contra el fascismo en España y, paradójicamente, fue asesinado a manos de aquello que se decían también combatirlo. Sobre la obra y el pensamiento de Berneri
En 1922 se publicó en la publicación Pagine libertarie “Anarquismo y federalismo-El pensamiento de Camillo Berneri” en donde, paradójicamente, el libertario italiano denunciaría abiertamente el inmovilismo ideológico del movimiento anarquista con ciertos elogios hacia los avances del republicanismo federalista; hace alusiones despectivas al utopismo ideológico que no ha evolucionado apenas nada desde los maestros del anarquismo y critica la falta de conciencia social y política ante los problemas actuales. Consideraba Berneri que el anarquismo debía ser amplio en su concepciones, audaz e insaciable, no debía renunciar a una incrustación en la sociedad a sustituir conservando sus principios pero sin trabas doctrinales ni excesivos apegos a la fe. Curiosamente, advertía de los peligros de la negación sin más de la administración del Estado en cuanto a que se paralizaría el ritmo de vida de la nación. El concepto antiestatal presente en los clásicos anarquistas lo veía Berneri como una premisa de un federalismo como proyecto de una descentralización administrativa. Un proyecto tangible el federalista que atrajera a todos aquellos profesionales que observaban la incompetencia, derroche, lentitud burocrática y continuos robos de la administración centralizada. Por un lado, se realiza en este artículo una vehemente defensa del federalismo como solución realista a los problemas de su tiempo y por otro pide Berneri una superación de doctrinas cristalizadas, una progresión en el movimiento anarquista que trajera respuestas reales, alejadas de la simplificación, dentro de los principios ideológicos fundamentales. En el terreno moral y filosófico hay que destacar en Berneri su declarado humanismo que le acerca a Kropotkin tantas veces citado en sus escritos. No creía el anarquista italiano en la bestia humana, pensaba que hasta en la más tenebrosa de las personas existía algo de calor si se tocaban las teclas adecuadas, asimismo despreciaba el maniqueísmo de clases y pensaba que en todo círculo social había cualidades notables y que la desaparición de las clases se daría por la fusión de las mismas. En definitiva, defendía Berneri el humanismo como una de las características intrínsecas del anarquismo que le llevaba a preocuparse por el desarrollo individual de cada personalidad y de la emancipación final de toda la humanidad sin distinción de clases. En su conocida “Carta abierta a la compañera Federica Montseny” Berneri muestra muy lúcida e irónicamente la situación del momento en que cuatro anarquistas habían entrado en el gobierno de Lago Caballero -”compañeros ministros...” empieza el escrito- bajo la premisa de defender la revolución y combatir cualquier intento dictatorial. Berneri habla de las purgas en la retaguardia dictadas desde Moscú contra los revolucionarios, sus dudas sobre si se potenciaría armamentísticamente al frente de Aragón representativo de las colectivizaciones agrarias y de los consejos de Aragón y Cataluña -”la ucrania ibérica” la define Berneri-, crítica el pacto del gobierno con Francia e Inglaterra prometiendo que se cumplirían sus intereses en Marruecos en lugar de abandonar la zona y potenciar su autonomía, de la nueva jerarquización del ejercito popular sin opinión de la base cada vez mas desconfiada, critica, en definitva, a Montseny y al resto de anarquistas por su participación en el gobierno al servicio de politicastros que flirtean con el enemigo en lugar de ocuparse de los combatientes y la retaguardia. El nuevo dilema que propone Berneri sustitutivo del “guerra o revolución” es “o la victoria sobre Franco gracias a la guerra revolucionaria, o la derrota".
Jose María Fernández Paniagua
miércoles, 6 de enero de 2010
La verdadera historia de la matanza de Badajoz
El 14 de agosto de 1936, casi un mes desde el comienzo de la sublevación fascista, la ciudad de Badajoz cayó bajo el mando del mayor asesino que se conoce en la historia de este municipio, el general Yagüe, comenzaría así el principio del horror y humillación más grande sufrida por sus vecinos.
La Guardia Civil ansiaba venganza, días atrás se habían atrincherado en el cuartel situado junto a la iglesia de Santo Domingo, tras varios días se rindieron y lejos de ser fusilados fueron encarcelados como presos políticos en la cárcel de Badajoz al igual que otros sublevados que tampoco fueron fusilados, aunque se definían a sí mismos como fascistas.
La cárcel se encontraba en la calle Atocha, lo que se conoce como la Escuela de Artes y Oficios y la Escuela Oficial de Idiomas. El director de la cárcel se llamaba Miguel Ángel Pérez Blasco, fascista confeso contrario al alcalde socialista Sinforiano Madroñero, éste ejercía sus funciones sin ninguna limitación aun estando ocupada la ciudad por la izquierda, ordenó volver al trabajo al profesor de la prisión Vicente López de Haro Rodado aun encontrándose de vacaciones, para hacerlo preso justo a la entrada de los nacionales y posteriormente mediante la “causa general” promovida por Franco para den! unciar a todos los sospechosos de rojos y contrarios al fascismo, ser fusilado sin juicio previo el 17 de agosto de 1936.
El 13 de agosto los nacionales alcanzaron la ciudad, situaron sus ofensivas en tres zonas estratégicas, la brecha abierta en la muralla localizada junto al actual parque de los Legionarios donde estaban situados los que su mismo nombre indica, la Legión, la brecha abierta en lo que se conoce como la carretera de la Circunvalación junto al puente de la Autonomía donde se encontraban los moros y la brecha abierta en la conocida como avenida de Huelva, junto al Instituto Zurbarán donde se encontraban los falangistas y demás sublevados. La Alcazaba de Badajoz parecía un fuerte muy difícil de alcanzar para Yagüe.
Los obuses eran lanzados y volaban por encima de las cabeza de las personas que vivían junto a la estación de trenes, todo el que intentaba escapar hacia Portugal, al entrar los nacionales en la ciudad, era detenido y enviado de vuelta por los militares de Salazar.
El teatro López de Ayala fue bombardeado y totalmente hundido por las bombas debido a que decían que allí se encontraban hacinados muchos rojos.
Tras derribar las resistencias los moros entraron en la ciudad sedientos de sangre matando a todo el que salía a la calle, violaban mujeres y arramplaban con toda la comida que encontraban, cuentan que guardaban en sus bombachos las cabezas cortadas de los milicianos que tenían dientes de oro como premio.
En la catedral, se atrincheró una resistencia roja, hubo un enfrentamiento armado pero poco después fueron asesinados por los hombres de Yagüe, comenzaron los fusilamientos en San Juan, en medio de la plaza se desarmaba y se procedía a la masacre, corría la sangre por las aceras de la actual calle Zurbarán, junto al actual bar Mercantil, de ahí su nombre, la “calle de la sangre”.
Junto al hotel Zurbarán, próximo a Puerta Palma había una nave donde guardaban caballos, éstos fueron sacados para hacinar allí a cientos de presos rojos para posteriormente ser enviados a la calle Pedro de Alvarado próximo al seminario y a la estación de trenes, a la casa de uno de los tenientes militares fascistas nacido en Badajoz, aquí se hacían juicios rápidos, siempre desfavorables para los milicianos ya que eran condenados a muerte por un tribunal militar.
Los hermanos Plá, pertenecían a una conocida familia adinerada de Badajoz, se definían como republicanos y por esto fueron encarcelados también, el obispo Jose María Alcaraz y Alenda, fascista con las manos llenas de sangre hizo un esfuerzo interesado por sacarles de allí hablando con Yagüe, pero aun así éste no le hizo caso y los mandó matar.
En la plaza de toros situada donde ahora se encuentra el Palacio de Congresos, fueron llegando los camiones con los detenidos que la gente iba denunciando, no se sabe si por miedo o por envidia, por riñas anteriores que poco tenían que ver con ideales políticos. Se hacinaban hasta no caber e iban siendo fusilados, la mayoría sin juicio previo debido a no tener ningún motivo. Las mujeres, madres, hermanas… dormían alrededor de la plaza esperando noticias de sus hombres. De igual manera ocurrían los asesinatos en el cementerio, en su muro y en su interior, los cuerpos eran quemados y posteriormente enterrados en la fosa común que allí se encuentra. Muchos familiares se acercaban a ver si podían ver sus cuerpos y así saber si habían muerto o no.
Mientras tanto el gobierno de la República mandó bombardear Badajoz, pero el jefe de la aviación Mendiola, que era pacense, ordenó dar la vuelta para no matar a la población descargando las bombas junto al barrio de San Roque.
Queipo de Llanos republicano sublevado en Sevilla que consiguió ocupar esa ciudad mientras llegaban los moros mandando a unos militares subirse a un camión y proceder a dar vueltas alrededor para dar sensación que eran muchos, dió un mitin en la Plaza de San Francisco alardeando su victoria mientras tanto.
Los familiares de los asesinados eran reprimidos y despedidos de sus trabajos, a sus hijos se les decía que sus padres eran malos y por eso habían muerto, eran obligados a cantar el “cara al sol” cada mañana de pie con el brazo alzado y a dar gracias a los salvadores de la patria.
Los matrimonios civiles eran anulados y los nacidos de estos y no bautizados reprimidos, así como los niños huérfanos.
Badajoz quedó lleno de viudas, lleno de sangre, sin población civil joven y obligada a olvidar y a callar la humillación.
El general Yagüe confesó sonriendo, por segunda vez al ser preguntado sobre si era verdad esta matanza en Badajoz, que no podía dejar que en sus filas avanzaran 4000 presos rojos, jamás hubieran ganado la guerra entonces.
Que los crímenes de guerra aquí cometidos no queden impunemente olvidados.
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Nestor Makhno: un campesino anarquista
"La organización autónoma de las masas campesinas que se constituyó por su iniciativa inmediatamente después del movimiento de octubre, abarcaba una región poblada por siete millones de habitantes que formaba una suerte de círculo de 280 por 250 kilómetros. La extremidad sur de esta zona llegaba al mar de Azov, incluyendo el puerto de Brediansk. Su centro era Guliai-Polié, pueblo que tenía entre veinte y treinta mil habitantes. Esta región era tradicionalmente rebelde. En 1905, fue teatro de violentos disturbios."
Con la "toma" definitiva de Guliai-Polié a mediados de septiembre de 1918 por parte de los guerrilleros makhnovistas, comenzaron a aplicarse los principios del comunismo libertario y los campesinos se organizaron en comunas libres - cuyas unidades de producción estaban federadas en distritos que, a su vez, se federaban en regiones - y donde cada cual trabajaba según sus capacidades y sus fuerzas; además, quienes eran elegidos para cumplir tareas administrativas, una vez terminadas sus gestiones, volvían a sus labores habituales. De ese modo, en todo ese vasto territorio, la sociedad rural se organizó según el principio de la autogestión libertaria. Este movimiento fue conocido por una derivación del nombre de su principal gestor: la makhnovitchina, sin que por eso cayera en prácticas de tipo autoritario. Tanto así que, cada vez que los guerrilleros makhnovistas entraban a alguna aldea o región, colocaban carteles con la siguiente leyenda:
"La libertad de los campesinos y de los obreros les pertenece y no puede ni debe sufrir restricción alguna. Corresponde a los propios campesinos y obreros actuar, organizarse, entenderse en todos los dominios de la vida, siguiendo sus ideas y deseos […]. Los makhnovistas sólo pueden ayudarlos dándoles consejos u opiniones […]. Pero no pueden ni quieren, en ningún caso, gobernarlos."
(en Néstor Makhno, el cosaco de la anarquía; Alexander Skirda).
Lamentablemente, y por razones parecidas al ocaso del movimiento anarquista conducido por Buenaventura Durruti en la Cataluña de los años 30, en plena Guerra Civil, el movimiento makhnovista hubo de luchar constantemente una guerra de guerrillas implacable, atacado tanto por el Ejército Rojo de los bolcheviques como por el Ejército Blanco de los zaristas de Denikin y Wrangel, que le impidió llevar a buen fin sus proyectos de organización social.
Nacido el 27 de octubre de 1889, Néstor Makhno fue el quinto hijo de una familia de campesinos pobres originarios de Guliai-Polié, y realizó todos los trabajos propios de su condición, interrumpiendo su educación escolar - impartida sólo en invierno - a los doce años. Con la revolución de 1905 adhirió a las ideas libertarias y participó en diferentes acciones en contra de la reforma de Stolipin, tales como incendios de propiedades señoriales y de campesinos ricos. Por la muerte de un comisario de policía fue arrestado en 1908 y condenado a la pena capital, pena que le fue cambiada por trabajos forzados a perpetuidad a causa de su edad. En prisión, como ha sido el caso de muchos revolucionarios a lo largo de la historia, Makhno no sólo completó su formación libertaria, gracias a un viejo anarquista, Piotr Archinov (autor, posteriormente, de un libro imprescindible: El movimiento makhnovista), sino que también aprendió gramática rusa, historia y economía política.
Pronto se destacó por su irreductible y recalcitrante rebeldía, que expresaba a través de incendiarios y casi cotidianos panfletos, lo que además lo condujo a pasar la mayor parte de su estadía en la prisión central de Moscú encadenado o incomunicado. Apenas liberado como consecuencia de la revolución de febrero de 1917, Makhno regresó a su Ukrania natal para organizar la Unión de Campesinos de Guliai-Polié, según los preceptos del comunismo libertario.
Incorporados al Soviet de campesinos y obreros de la aldea, Makhno es elegido presidente de éste, y a finales de agosto de 1917, dicho Soviet procede al "desarme de toda la burguesía y a la abolición de sus derechos sobre los bienes del pueblo", ejemplo seguido rápidamente por los diversos Soviets ukranianos.
Luego de la revolución de octubre, la consigna bolchevique: La tierra para los campesinos, las fábricas para los obreros, produjo grandes ilusiones en los medios anarquistas, pero dichas ilusiones se vienen rápidamente por tierra al surgir el verdadero carácter del partido bolchevique y de su revolución "de arriba hacia abajo" - o a través de la Dictadura del Proletariado. Dicha impostura es denunciada también por Makhno, que se transforma por ello en "el enemigo que hay que eliminar" y es presentado por los bolcheviques como un simple y vulgar bandido, fanático y cruel. Lo que no les impide aliarse en dos oportunidades al movimiento makhnovista para luchar contra Denikine y Wrangel, y una vez establecida la victoria sobre los Ejércitos Blancos, eliminarlo, persiguiéndolo incluso más allá de su muerte en el exilio en París (por la tuberculosis adquirida en las prisiones zaristas), el 27 de julio de 1934, al tratar de minimizar su importancia histórica dentro del movimiento social y revolucionario.
Como lo destaca en esa fecha Pierre Berland, corresponsal de Le Temps - ancestro de Le Monde - en su artículo necrológico:
"Los periódicos soviéticos no encontraron un espacio para consagrar al líder anarquista un artículo necrológico, ni siquiera una línea al pie de su sexta página para anunciar su muerte… Sin embargo, es una figura bien especial este Néstor Makhno y ninguna conspiración de silencio podrá hacer olvidar el papel importante que el popular 'Batko' tuvo durante la revolución rusa, en particular en la lucha contra Denikine. […] ¿Su programa político? Anarquista, quiso otorgar a los campesinos la tierra, a los obreros las fábricas, con toda propiedad y les aconsejó organizarse en federaciones de comunas libres. Es decir vio sus enemigos en los generales blancos que querían el retorno de los grandes propietarios rurales. […] Se alió varias veces con los bolcheviques, que consideraba por el momento como un mal menor. […] Los actos de pillaje, de terror o de antisemitismo eran severamente castigados por Makhno y sus compañeros […] y trató de realizar algunas de sus 'utopías', la supresión de las prisiones, la organización de la vida comunal, las 'comunas libres', los 'soviets de obreros' del cual no excluía ninguna categoría social. [Bajo ese efímero estado de cosas] la libertad de prensa fue completa, y se permitió tanto la publicación de periódicos socialistas revolucionarios de derecha y de izquierda como de órganos bolcheviques junto a publicaciones anarquistas. […] Está fuera de duda que la derrota de Denikine se explica por las insurrecciones campesinas que enarbolaban la bandera negra de Makhno, más que por los éxitos del ejército regular de Trotsky. Las bandas de partisanos del 'Batko' inclinaron la balanza a favor de los rojos, y si Moscú quiere hoy día olvidarlo, la historia imparcial lo tomará en cuenta".
Extraído del Nestor Makhno Archive: http://www.nestormakhno.info/
viernes, 18 de septiembre de 2009
El hombre de la carretilla
¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿A qué Sindicato o a qué Partido pertenecía? No lo sé. No pude averiguarlo. Era un hombre del pueblo. Para mí, tenía un nombre simbólico, que mentalmente le di: se llamaba Pueblo. Era alto, fornido, con pelo canoso y el rostro sin afeitar. Su voz era ronca, tal vez por el trágico ajetreo de la jornada dominguera. Un guardia de Asalto me dijo que le había visto ya por allí varias veces, desde por la mañana, arrastrando su carretilla cargada con pedruscos y adoquines, con los que "disparaba", con sus férreos brzos, contra los traidores asesinos del Cuartel de la Montaña. Repetidas veces le habían obligado a retroceder, para preservarle de un balazo. Un murmullo corrió entre la muchedumbre:
- ¡Ya está ahí otra vez "el hombre de la carretilla"! Nosotros le abrimos paso.
[...] Y cuando nos dimos cuenta, ya el hombre del Pueblo lanzaba su primera piedra contra las tapias del cuartel.
Arreciaba el tableteo de la ametralladora...
Nuestros compañeros (los que disponían de un arma) y los guardias de Asalto, se esforzaban, al disparar, buscando hacer blanco en la mortífera máquina. Pero sin resultado.
De pronto vimos al hombre de la carretilla asomarse al borde de la terraza, llevando en sus mano un adoquín enorme. El momento era terrible. nosotros, todos, contuvimos la respiración.
El hombre, en la misma orilla de la azotea, se tambaleó un segundo, levantó los brazos con su pesada carga... Tableteó de nuevo la ametralladora criminal... El pesado adoquín voló con fuerza hacia el lugar en que estaba emplazada la máquina homicida, y ésta enmudeció, oyéndose un
"¡Ay!" desgarrador...
¡La heroicidad estaba consumada! ¡Magnífica puntería! El hombre de la carretilla dio unos pasos atrás... Ya no asomaba por la azotea... Esperamos abajo un buen rato. Nuestro héroe no aparecía.
Al fin, unos compañeros subieron hacia la azotea y se encontraron con el valiente ciudadano tendido entre dos peldaños, sangrando...
Decía:
- ¡Ese cabrón no vovlerá a disparar contra el pueblo! Yo debo tener algún rasguño en la carne; creo que sangro...
Se le condujo a un hospital. Cuando le hubo reconocido el médico, se nos dijo que el infeliz tenía cinco balazos: uno en el pecho, dos en los muslos y otros dos en el vientre. ¡No había salvación!
El hombre de la carretilla, el compañero Pueblo, murió aquella misma noche...
Pero la ametralladora no volvió a disparar, pues al día siguiente fue encontrada, averiada, en un patio del cuartel.
