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sábado, 30 de enero de 2010

FIJA: Principios, tácticas y finalidades

Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas.
Nuestra Organización tiene por objeto agrupar a les jóvenes de ambos sexos, sin distinción de etnias ni color que sientan las inquietudes sociales y el deseo de una superación que haga del ser humano un ser social e individualmente libre y un igual ante sus semejantes. Para lograrlo, esta agrupación luchará contra la propiedad, el principio de autoridad, el Estado, la política, la religión y todos aquellos poderes que obstaculizan la total emancipación del ser humano.

Contra la Propiedad:
Porque es una injusticia inhumana el que una persona detente la riqueza producida por otras personas o la tierra que sólo a la humanidad pertenece, y es un atributo para la sociedad, tan importante como la vida lo es para el individuo. Porque tiene su origen en un violento y criminal despojo del más fuerte contra el más débil, creando la odiosa existencia de los parásitos de la sociedad, que no tienen otra misión social que la de vivir del trabajo ajeno, mediante la explotación y miseria de los demás. Porque crea el capitalismo y establece la ley del salario, que condena al ser humano a una permanente esclavitud económica y a los vaivenes de la desequilibrada economía.

Contra el Principio de Autoridad:
Por suponer ésta el relajamiento de la personalidad humana al someter a unas personas a la voluntad de otras, despertando en ellas instintos que le predisponen a la crueldad e indiferencia ante el dolor de un semejante; y por ser la autoridad el instrumento que sirve para someter por la violencia al individuo a los intereses de la propiedad.

Contra el Estado: Porque coarta el libre desenvolvimiento y normal desarrollo de las actividades éticas, filosóficas y científicas de los pueblos; y por ser el fundamento básico que mantiene el principio de autoridad y defiende la propiedad mediante los cuerpos armados, la policía la magistratura y la cárcel. Porque mantiene al ejército y la armada, cuya misión destructora es inhumana al lanzar unos pueblos contra otros, destruyendo los sentimientos de sociabilidad y solidaridad propios del ser humano, para convertirse en medio de dominación de los pueblos fuertes contra los débiles.

Contra la Política: Porque, entendiendo política como actividad desempeñada por les polítiques en el seno del Estado para obtener privilegio y poder, esta presupone la anulación de la persona, ya que, entregando la voluntad propia a otra extraña, se desvirtúan los intereses colectivos por una falsa mayoría parlamentaria. La política es el medio que emplea el vigente sistema de dominación (la democracia representativa al servicio de las oligarquías y el Capital) para legitimar los intereses de la propiedad y las leyes en su tarea de respaldo y defensa del Estado.

Contra las Religiones:
Porque atentan contra el libre pensamiento, creando una jerarquía moral que predispone a admitir sin protesta toda tiranía y desvirtúan las relaciones sociales por el terror y el fanatismo, negador de la razón y el progreso científico.

Contra otras formas de Poder:
Contra todo tipo de prejuicios raciales, sexuales o de cualquier otra condición que impidan el desarrollo libre y en igualdad de los seres humanos. Contra las estructuras que derivan del Estado y el Capital creadas para un mejor sostenimiento del Sistema, que suponen el sacrificio de la Libertad individual y colectiva en pro de una delegación hacia personas supuestamente más cualificadas que pretenden representarnos, tales como partidos y sindicatos reformistas. Contra las jerarquías de toda índole.


NUESTROS PRINCIPIOS


La Libertad:
Entendida como el desarrollo natural, sin condiciones de todos ser nacido, actuando atendiendo a los dictados de su propia conciencia y voluntad con independencia para pensar, expresarse y actuar. Es, por tanto, la negación de cualquier forma de autoridad que somete moral y materialmente. Esta idea de Libertad lleva implícitas:

La Igualdad:
De todos los seres vivos, a todos los niveles, por lo que las relaciones deben basarse en el libre consentimiento y la revocabilidad de los acuerdos. Para que las relaciones sean libres y justas no puede existir la propiedad privada pues ésta mantiene y es fuente de todas las desigualdades. Redistribuyendo y reorganizando la producción, se eliminarían los brazos ociosos de esta sociedad. Colectivizando la propiedad y poniendo a disposición de les productores la tierra y los instrumentos de trabajo, las relaciones económicas serían igualitarias porque buscarían satisfacer las necesidades de la comunidad, no enriquecerse; como ocurre en el Sistema capitalista, que busca, por encima de todo, el beneficio económico de unes poques. El concepto de igualdad es contrario a toda idea de nación o patria, las fronteras son un invento de los Estados para salvaguardar sus intereses, crear conflictos y desigualdades absurdas entre las personas.

La Solidaridad y el Apoyo Mutuo: Como forma de vida en contra de la competitividad y la explotación de unos sobre otros. La Solidaridad como principio que sostiene las relaciones sociales y medio para resolver posibles conflictos, respetando las diferencias, la libertad individual y el bien colectivo. Practicando el apoyo recíproco y la sinceridad en todas las relaciones. Combatimos las divisiones sociales de clases formadas sobre el privilegio de unas personas sobre otras. Nos mostramos contrarios a las ideas de las religiones con sus supersticiones, a los desequilibrios ecológicos, la medicina intoxicante y al desprecio al resto de los animales y seres, siendo defensores de la libre sexualidad y contrarios a la dominación de un sexo sobre otro. Somos contrarios a los Sistemas de educación jerárquicos y competitivos; defendemos la Pedagogía Libertaria.


NUESTRAS TÁCTICAS


Los fines no justifican los medios, éstos sólo pueden aplicarse en función de sus principios. Entendemos tácticas como nuestros principios desarrollados en todos los órdenes de vida social, proceso éste que constituye la Revolución Social. Todos los movimientos sociales que han pretendido cambios, lo han intentado asumiendo el poder, demostrando que cada vez que un salvador, un partido o un comité se ponen a legislar, heredan los mismos vicios y problemas. Por eso el Anarquismo rechaza el poder. No forma partidos para conseguirlo, no apoya candidatos, no forma ejércitos ni guerrillas a favor de ningún gobernante. Se opone a todo Sistema parlamentario, fascista o comunista y no colabora con ninguno. Es su único lugar la oposición al poder. El Anarquismo pretende debilitarlo concienciando a la gente de su inutilidad e inculcando la idea que se puede funcionar al margen de él, para lo que crea escuelas, sindicatos, comunas, colectividades y demás grupos que existen sin el apoyo del Estado. El Anarquismo no se integra en las instituciones, no se legaliza, no participa en ayuntamientos, parlamentos, comités ni universidades, demostrando sus ideales al funcionar organizando su propia existencia. Además, los anarquistas no tenemos líderes ni funcionarios burócratas, ni pagamos a nadie para que trabaje por nosotros. Tampoco recibimos subvenciones. Por tanto, desarrollamos nuestra actividad voluntariamente. Por ello nuestras tácticas son:

La Acción Directa: Es la actuación permanente sin intermediarios. La persona se enfrenta directamente con sus problemas, tomando las riendas de su vida sin interferencias, desarrollando así su capacidad de autodefensa, viviendo conscientemente. Estamos en contra del conformismo, ya que impide la acción directa creando pasividad y despreocupación. No usamos los cauces que emplea el poder, promulgamos la abstención activa electoral porque votar es un acto de irresponsabilidad, al dejar en manos de otres la decisión sobre los problemas fundamentales de la vida social, y además se legitima el principio de poder. Nuestro objetivo no es conquistar el poder político, sino destruirlo, por lo que no colaboramos con el Estado, y creemos que entrar en el Sistema implica aceptar sus premisas. La acción directa no implica necesariamente acción violenta. De esta forma nos defendemos de los medios que utilizan el Estado y las clases privilegiadas para impedir y neutralizar nuestra rebelión. Nuestro propósito es la consecución de une equilibrio social sin Estado, y, para conseguirlo, rechazamos cualquier imposición gubernamental, así como participar en cualquier guerra generada por el capital y el Estado. Abogamos por el desmantelamiento de las cárceles, reformatorios y manicomios; defendemos el derecho de que nadie gobierne nuestras vidas y la ocupación de espacios donde podamos poner en práctica nuestros principios libertarios. Frente a las agresiones y humillaciones a que nos somete el capital, apoyamos las luchas obreras de matiz anarcosindicalista.

La Propaganda por el Hecho:
Es difundir el ideal anarquista con nuestras acciones diarias. Es practicar una ética anarquista en las relaciones de nuestra vida cotidiana en las que sea posible, demostrando la rebeldía y la oposición al sistema establecido mediante nuestra conducta. Defendemos una confrontación permanente mediante ataques a toda persona, institución o símbolo que coarte la libertad de las personas
La Cultura: Divulgar la Cultura anarquista a través de escritos, publicaciones y dando a conocer el arte, la literatura, la música ácratas, así como fomentando los ateneos libertarios, radios libres, centros sociales…

La Federación: Es la unión voluntaria en igualdad que asegura la autodeterminación. De este modo se aúnan fuerzas y se suprimen privilegios. Negamos los países y sus fronteras y luchamos contra todo tipo de imperialismos y colonialismos. La federación funciona de forma asamblearia, sin jerarquías, de forma que nadie pueda estar por encima de nadie. Los diferentes grupos que formen una federación son libres para unirse o separarse de ella. La forma de tomar acuerdos es por unanimidad, no existe el voto. De esta manera, se suprime la dominación de las mayorías sobre las minorías y viceversa. Somos conscientes de que la federación en sí no es anarquista. Sólo entendida en un marco ideológico libertario se convierte en una táctica para extender la lucha no sólo a la mera actuación del grupo, así como la forma de organizar las relaciones entre las células de una nueva sociedad. Es por tanto el federalismo un aspecto clave del anarquismo social, es el cemento que une la organización.




NUESTRAS FINALIDADES


Nuestra finalidad es que las ideas anarquistas incidan en la sociedad de tal manera que se recupere la conciencia social, así como la conciencia de la clase trabajadora, que entendemos está basada en comprender la situación de explotación en la que nos vemos sometidos bajo el sistema actual. Esta comprensión de nuestra situación de explotados y oprimidos se ve complementada con los mecanismos a aplicar para que dicha situación desaparezca y se pueda lograr un equilibrio en las relaciones de las personas entre ellas y con el entorno. Son estos mecanismos los principios y tácticas anarquistas.

Se puede decir, por tanto que nuestra finalidad es alcanzar una sociedad basada en la libertad, la igualdad y la solidaridad entre las personas. Llamamos a esta sociedad Comunismo Libertario, que es el único modelo de organización social que nos permite un equilibrio con la naturaleza, así como un desarrollo social basado en los principios anarquistas.

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuestiones prácticas para una revolución inminente

[Fragmento de las conclusiones del IV Congreso de la CNT, celebrado en 1936, cuando los acontecimientos revolucionarios se precipitaban, con el fin de consensuar una dirección de acción conjunta en aquellos momentos. El documento completo puede leerse aquí]

ORGANIZACIÓN DE LA NUEVA SOCIEDAD DESPUÉS DEL HECHO REVOLUCIONARIO.- LAS PRIMERAS MEDIDAS DE LA REVOLUCIÓN

Terminado el aspecto violento de la revolución, se declaran abolidos: la propiedad privada, el Estado, el principio de autoridad y, por consiguiente, las clases que dividen a los hombres en explotadores y explotados, oprimidos y opresores.

Socializada la riqueza, las organizaciones de los productores, ya libres, se encargarán de la administración directa de la producción y del consumo.

Establecida en cada localidad la Comuna Libertaria, pondremos en marcha el nuevo mecanismo social. Los productores de cada ramo u oficio, reunidos en sus Sindicatos y en los lugares de trabajo, determinarán libremente la forma en que éste ha de ser organizado.

La Comuna Libre se incautará de cuanto antes detentaba la burguesía, tal como víveres, ropas, colados, materias primas, herramientas de trabajo, etc. Estos útiles de trabajo y materias primas deberán pasar a poder de los productores para que éstos los administren directamente en beneficio de la colectividad.

En primer término las Comunas cuidarán de alojar con el máximo de comodidades a todos los habitantes de cada localidad, asegurando asistencia a los enfermos y educación a los niños.

De acuerdo con el principio fundamental del comunismo libertario, como hemos dicho antes, todos los hombres se aprestarán a cumplir el deber voluntario - que se convertirá en verdadero derecho cuando el hombre trabaje libre- de prestar su concurso a la colectividad, en relación con sus fuerzas y sus capacidades, y la Comuna cumplirá la obligación de cubrir sus necesidades.

Desde luego, es preciso crear ya, desde ahora, la idea de que los primeros tiempos de la revolución no resultarán fáciles y de que será preciso que cada hombre aporte el máximo de esfuerzos y consuma solamente lo que permitan las posibilidades de la producción. Todo período constructivo exige sacrificio y aceptación individual y colectiva y a no crear dificultades a la obra reconstructora de la sociedad que de común acuerdo todos realizaremos.

PLAN DE ORGANIZACIÓN DE LOS PRODUCTORES

El Plan económico de organización, en cuantas manifestaciones tenga la producción nacional, se ajustará a los más estrictos principios de economía social, administrados directamente por los productores a través de sus diversos órganos de producción, designados en asambleas generales de las variadas organizaciones y por ellas controlados en todo momento.

como base (en el lugar de trabajo, en el Sindicato, en la Comuna, en todos los órganos reguladores de la nueva sociedad), el productor, el individuo como célula, como piedra angular de todas las creaciones sociales, económicas y morales.

Como órgano de relación dentro de la Comuna y en el lugar de trabajo, el Consejo de taller y de fábrica, pactando con los demás centros de trabajo.

Como órgano de relación de Sindicato a Sindicato (asociación de productores), los Consejos de Estadística y de Producción, que se seguirán federando entre sí hasta formar una red de relación constante y estrecha entre todos los productores de la Confederación Ibérica.

En el campo: Como base, el productor en la Comuna, que usufructuaría todas las riquezas naturales de una demarcación política y geográfica.

Como órgano de relación, el Consejo de Cultivo, del que formarán parte elementos técnicos y trabajadores integrantes de las asociaciones de productores agrícolas, encargados de orientar la intensificación de la producción, señalando las tierras más apropiadas a la misma, según su composición química.

Estos Consejos de Cultivo establecerán la misma red de relaciones que los Consejos de Taller, de Fábrica y de Producción y Estadística, complementando la libre federación que representa la Comuna como demarcación política y subdivisión geográfica.

Tanto las Asociaciones de productores industriales como las Asociaciones de productores agrícolas se federarán nacionalmente -mientras sea únicamente España el país que haya realizado su transformación social- si, llevados a esa disyuntiva por el mismo proceso del trabajo a que se eduquen, lo estiman conveniente para el más fructífero desarrollo de la Economía; e idénticamente se federarán en el mismo sentido aquellos servicios cuya característica propenda a ello por facilitar las relaciones lógicas y necesarias entre todas las Comunas Libertarias de la Península.

Estimamos que con el tiempo la nueva sociedad conseguirá dotar a cada Comuna de todos los elementos agrícolas e industriales precisos a su autonomía, de acuerdo con el principio biológico que afirma que es más libre el hombre -en este caso la Comuna- que menos necesita de los demás.

LAS COMUNAS LIBERTARIAS Y SU FUNCIONAMIENTO

La expresión política de nuestra revolución hemos de asentarla sobre esta trilogía: El individuo, la Comuna y la Federación.

Dentro de un plan de actividades estructurado en todos los órdenes desde un punto de vista peninsular, la administración será de manera absoluta de carácter comunal.

La base de esta administración será, por consiguiente, la Comuna. Estas Comunas serán autónomas y estarán federadas regional y nacionalmente para la realización de los objetivos de carácter general. El derecho de autonomía no excluirá el deber de cumplir los acuerdos de convivencia colectiva, no compartidos por simples apreciaciones y que sean aceptadas en el fondo.

Así, pues, una Comuna de consumidores sin limitación voluntaria, se comprometerá a acatar aquellas normas de carácter general que después de libre discusión hayan sido acordadas por mayoría.

En cambio, aquellas Comunas que, refractarias a la industrialización, acuerden otras clases de convivencia, como por ejemplo las naturistas y desnudistas, tendrán derecho a una administración autónoma, desligada de los compromisos generales. Como estas Comunas naturistas-desnudistas, u otra clase de Comunas, no podrán satisfacer todas sus necesidades, por limitadas que éstas sean, sus delegados a los Congresos de la Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias podrán concertar convenios económicos con las demás Comunas Agrícolas e Industriales.

En conclusión proponemos:

- La creación de la Comuna como entidad política y administrativa.

- La Comuna será autónoma, y confederada al resto de las Comunas.

- Las Comunas se federarán comarcal y regionalmente, fijando a voluntad sus límites geográficos, cuando sea conveniente unir en una sola Comuna pueblos pequeños, aldeas y lugares. El conjunto de estas Comunas constituirá una Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias.

- Para la función distributiva de la producción, y para que puedan nutrirse mejor las Comunas, podrán crearse aquellos órganos suplementarios encaminados a conseguirlo. Por ejemplo: un Consejo Confederal de Producción y Distribución, con representaciones directas de las Federaciones nacionales de Producción y del Congreso anual de Comunas.

MISIÓN Y FUNCIONAMIENTO INTERNO DE LA COMUNA

La Comuna deberá ocuparse de lo que interesa al individuo.

Deberá cuidar de todos los trabajos de ordenación, arreglo y embellecimiento de la población.

Del alojamiento de sus habitantes; de los artículos y productos puestos a su servicio por los Sindicatos o Asociaciones de productores.

Se ocupará asimismo de la higiene, de la estadística comunal y de las necesidades colectivas. De la enseñanza. De los establecimientos sanitarios y de la conservación y perfeccionamiento de los medios locales de comunicación.

Organizará las relaciones con las demás Comunas, y cuidará de estimular todas las actividades artísticas y culturales.

Para el buen cumplimiento de esta misión, se nombrará un Consejo Comunal, al cual serán agregados representantes de los Consejos de Cultivo, de Sanidad, de Cultura, de Distribución y de Producción y Estadística.

El procedimiento de elección de los Consejos Comunales se determinará con arreglo a un sistema en el que establezcan las diferencias que aconsejen la densidad de población, teniendo en cuenta que tardará en descentralizar políticamente las metrópolis, constituyendo con ellas Federaciones de Comunas.

Todos estos cargos no tendrán ningún carácter ejecutivo ni burocrático. Aparte los que desempeñen funciones técnicas o simplemente de estadística, los demás cumplirán asimismo su misión de productores, reuniéndose en sesiones al terminar la jornada de trabajo para discutir las cuestiones de detalle que no necesiten el refrendo de las asambleas comunales.

Se celebrarán asambleas tantas veces como lo necesiten los intereses de la Comuna, a petición de los miembros del Consejo Comunal, o por la voluntad de los habitantes de cada una.

RELACIONES E INTERCAMBIO DE PRODUCTOS

Como ya hemos dicho, nuestra organización es de tipo federalista y asegura la libertad del individuo dentro de la agrupación y de la Comuna, la de las Comunas dentro de las Federaciones, y la de éstas en las Confederaciones.

Vamos, pues, del individuo a la colectividad, asegurando sus derechos para conservar intangible el principio de libertad.

Los habitantes de una Comuna discutirán entre sí sus problemas internos: producción, consumo, instrucción, higiene y cuanto sea necesario para el desenvolvimiento moral y económico de la misma. Cuando se trate de problemas que afecten a toda una comarca o provincia, han de ser las Federaciones quienes deliberen, y en las reuniones y asambleas que éstas celebren estarán representadas todas las comunas, cuyos delegados aportarán los puntos de vista previamente aprobados en ellas.

Por ejemplo, si han de construir carreteras, ligando entre sí los pueblos de una comarca o asuntos de transporte e intercambio de productos entre las comarcas agrícolas e industriales, es natural que todas las Comunas expongan su criterio, ya que también han de prestar su concurso.

En los asuntos de carácter regional, será la Federación Regional quien ponga en práctica los acuerdos, y éstos representarán la voluntad soberana de todos los habitantes de la región. Pues empezó en el individuo, pasó después a la Comuna, de ésta a la Federación y, por último, a la Confederación.

De igual forma llegaremos a la discusión de todos los problemas de tipo nacional, ya que nuestros organismos se irán complementando entre sí. La organización nacional regulará las relaciones de carácter internacional, estando en contacto directo con el proletariado de los demás países, por intermedio de sus respectivos organismos, ligados como el nuestro a la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Para el intercambio de productos de Comuna a Comuna, los Consejos Comunales se pondrán en relación las Federaciones Regionales de Comunas y con el Consejo Confederal de Producción y Distribución, reclamando lo que les haga falta y ofreciendo lo que les sobre.

Por medio de la red de relaciones establecidas entre las Comunas y los Consejos de Producción y Estadística, constituidos por las Federaciones Nacionales de Productores, queda resuelto y simplificado este problema.

En lo que se refiere al aspecto comunal del mismo, bastarán las cartas de productor, extendidas por los Consejos de Taller y de Fábrica, dando derecho a que aquéllos puedan adquirir lo necesario para cubrir todas sus necesidades. La carta de productor constituye el principio de un signo de cambio, el cual quedará sujeto a estos dos elementos reguladores: Primero, que sea intransferible; segundo, que se adopte un procedimiento mediante el cual en la carta se registre el valor del trabajo por unidades de jornada y este valor tenga el máximo de un año de validez para la adquisición de productos.

A los elementos de la población pasiva serán los Consejos Comunales los que les facilitarán las cartas de consumo.

Desde luego, no podemos sentar una norma absoluta. Debe respetarse la autonomía de las Comunas, las cuales, si lo creen conveniente, podrán establecer otro sistema de intercambio interior, siempre que estos nuevos sistemas no puedan lesionar, en ningún caso, los intereses de otras Comunas.

DEBERES DEL INDIVIDUO PARA CON LA COLECTIVIDAD Y CONCEPTO DE LA JUSTICIA DISTRIBUTIVA

El Comunismo Libertario es incompatible con todo régimen de corrección, hecho que implica la desaparición del actual sistema de justicia correccional, y por lo tanto, los instrumentos de castigo (cárceles, presidios, etc.)

Conceptúa esta Ponencia que el determinismo social es la causa principal de los llamados delitos en el presente estado de cosas y, en consecuencia, desaparecidas las causas que originaban el delito, en la generalidad de los casos éste dejará de existir.

Así pues, consideramos:

1º Que el hombre no es malo por naturaleza, y que la delincuencia es resultado lógico del estado de injusticia social en que vivimos.

2º Que al cubrir sus necesidades, dándole también margen a una educación racional y humana, aquellas causas han de desaparecer.

Por ello, entendemos que cuando el individuo falte al cumplimiento de sus deberes, tanto en el orden moral como en sus funciones de productor, serán las asambleas populares quienes, con un sentido armónico, den solución justa al caso.

El Comunismo Libertario sentará, pues, su «acción correccional» sobre la Medicina y la Pedagogía, únicos preventivos a los cuales la ciencia moderna reconoce tal derecho. Cuando algún individuo, víctima de fenómenos patológicos, atente contra la armonía que ha de regir entre los hombres, la terapéutica pedagógica cuidará de curar su desequilibrio y estimular en él el sentido ético de responsabilidad social que una herencia insana le negó naturalmente.

LA FAMILIA Y LAS RELACIONES SEXUALES

Conviene no olvidar que la familia fue el primer núcleo civilizador de la especie humana, que ha llenado funciones admirabilísimas de cultura moral y solidaridad. Que ha subsistido dentro de la propia evolución de la familia con el clan, la tribu, el pueblo y la nación, y que es de suponer que aún durante mucho tiempo subsistirá.

La revolución no deberá operar violentamente sobre la familia, excepto en aquellos casos de familias mal avenidas, en las que reconocerá y apoyará el derecho a la disgregación.

Como la primera medida de la revolución libertaria consiste en asegurar la independencia económica de los seres, sin distinción de sexos, la interdependencia creada, por razones de inferioridad económica, en el régimen capitalista, entre el hombre y la mujer, desaparecerá con él. Se entiende, por lo tanto, que los dos sexos serán iguales, tanto en derechos como en deberes.

El Comunismo Libertario proclama el amor libre, sin más regulación que la voluntad del hombre y de la mujer, garantizando a los hijos la salvaguardia de la colectividad y salvando a ésta de las aberraciones humanas por la aplicación de los principios biológicos-eugénicos.

Asimismo, por medio de una buena educación sexual, empezada en la escuela, tenderá a la selección de la especie, de acuerdo con las finalidades de la eugenesia, de manera que las parejas humanas procreen conscientemente, pensando en producir hijos sanos y hermosos.

Sobre los problemas de índole moral que puede plantear el amor en la sociedad comunista libertaria, como son los que hallen su origen en las contrariedades amorosas, la comunidad y la libertad no tienen más que dos caminos para que las relaciones humanas y sexuales se desarrollen normalmente. Para el que quisiera amor a la fuerza o bestialmente, si no bastara el consejo ni el respeto al derecho individual, habría de recurrirse a la ausencia. Para muchas enfermedades se recomienda el cambio de agua y de aire. Para la enfermedad del amor, que es enfermedad al convertirse en tenacidad y ceguera, habrá de recomendarse el cambio de Comuna, sacando al enfermo del medio que le ciega y enloquece, aunque no es presumible que estas exasperaciones se produzcan en un ambiente de libertad sexual.

LA CUESTIÓN RELIGIOSA

La religión, manifestación puramente subjetiva del ser humano, será reconocida en cuanto permanezca relegada al sagrario de la conciencia individual, pero en ningún caso podrá ser considerada como forma de ostentación pública ni de coacción moral ni intelectual.

Los individuos serán libres para concebir cuantas ideas morales tengan por conveniente, desapareciendo todos los ritos.

DE LA PEDAGOGÍA, DEL ARTE, DE LA CIENCIA, DE LA LIBRE EXPERIMENTACIÓN

El problema de la enseñanza habrá que abordarlo con procedimientos radicales. En primer lugar, el analfabetismo deberá ser combatido enérgica y sistemáticamente. Se restituirá la cultura a los que fueron desposeídos de ella, como un deber de reparadora justicia social que la revolución debe acometer, considerando que, así como el capitalismo ha sido el acaparador y detentador de la riqueza social, las ciudades han sido las acaparadoras y detentadoras de la cultura y de la instrucción.

Restituir la riqueza material y la cultura son los objetivos básicos de nuestra revolución. ¿Cómo? Expropiando al capitalismo en lo material, repartiendo la cultura a los carentes de ella en lo moral.

Nuestra labor pedagógica deberá dividirse, por lo tanto, en dos tiempos. Tenemos una obra pedagógica a realizar inmediatamente después de la revolución social, y una obra general humana dentro ya de la nueva sociedad creada. Lo inmediato será organizar entre la población analfabeta una cultura elemental, consistente, por ejemplo, en enseñar a leer, a escribir, contabilidad, fisicultura, higiene, proceso histórico de la evolución y de la revolución, teoría de la inexistencia de Dios, etc. Esta obra pueden realizarla un gran número de jóvenes cultivados, los cuales la llevarán a cabo, prestando con ello un servicio voluntario a la cultura, durante uno o dos años, debidamente controlados y orientados por la Federación Nacional de la Enseñanza, la cual, inmediatamente después de proclamarse el Comunismo Libertario, se hará cargo de todos los centros docentes, aquilatando el valor del profesorado profesional y del voluntario. La Federación nacional de la Enseñanza apartará de ésta a los que intelectual y sobre todo moralmente sean incapaces de adaptarse a las exigencia de una pedagogía libre. Lo mismo para la elección del profesorado de primera que de segunda enseñanza se atenderá únicamente a la capacidad demostrada en ejercicios prácticos.

La enseñanza, como misión pedagógica dispuesta a educar a una Humanidad nueva, será libre, científica e igual para los dos sexos, dotada de todos los elementos precisos para ejercitarse en no importa qué ramo de la actividad productora y del saber humano. A la higiene y la puericultura se le acordará un lugar preferente, educando a la mujer para ser madre desde la escuela.

Asimismo se dedicará principal atención a la educación sexual, base de la superación de la especie.

Estimamos como función primordial de la pedagogía la de ayudar a la formación de hombres con criterio propio -y conste que al hablar de hombres lo hacemos en un sentido genérico-, para lo cual será preciso que el maestro cultive todas las facultades del niño, con el fin de que éste logre el desarrollo completo de todas sus posibilidades.

Dentro del sistema pedagógico que pondrá en práctica el Comunismo Libertario quedará definitivamente excluido todo el sistema de sanciones y recompensas, ya que en estos dos principios radica el fermento de todas las desigualdades.

El cine, la radio, las misiones pedagógicas -libros, dibujos, proyecciones- serán excelentes y eficaces auxiliares para una rápida transformación intelectual y moral de las generaciones presentes y para desarrollar la personalidad de los niños y adolescentes que nazcan y se desarrollen en régimen comunista libertario.

Aparte el aspecto simplemente educativo, en los primeros años de la vida la sociedad comunista libertaria asegurará a todos los hombres, a lo largo de su existencia, el acceso y el derecho a la ciencia, al arte, a las investigaciones de todo orden compatible con las actividades productoras de lo indispensable, cuyo ejercicio garantizará el equilibrio y la salud a la naturaleza humana.

Porque los productores, en la sociedad comunista libertaria, no se dividirán en manuales e intelectuales, sino que todos serán manuales e intelectuales a la vez. Y el acceso a las artes y a las ciencias será libre, porque el tiempo que se empleará en ellas pertenecerá al individuo y no a la comunidad, de la cual se emancipará el primero, si así lo quiere, una vez haya concluido la jornada de trabajo, la misión de productor.

Hay necesidades de orden espiritual, paralelas a las necesidades materiales, que se manifestarán con más fuerza en una sociedad que satisfaga las primeras y que deje emancipado moralmente al hombre.

Como la evolución es una línea continua, aunque algunas veces no sea recta, el individuo siempre tendrán aspiraciones, ganas de gozar más, de superar a sus padres, de superar a sus semejantes, de superarse a si mismo.

Todas estas ansias de superación, de creación -artística, científica, literaria-, de experimentación, una sociedad basada en el libre examen y en la libertad de todas las manifestación de la vida humana, no podrá ahogarlas bajo ninguna conveniencia de orden material ni general; no las hará fracasar como ahora sucede, sino que, por el contrario, las alentará y las cultivará, pensando que no sólo de pan vive el hombre y que desgraciada la Humanidad que sólo de pan viviera.

No es lógico suponer que los hombres, en nuestra nueva sociedad, carezcan del deseo de esparcimiento. Al efecto, en las Comunas autónomas Libertarias se destinarán días al recreo general, que señalarán las asambleas, eligiendo y destinando fechas simbólicas de la Historia y de la Naturaleza. Asimismo se dedicarán horas diarias a las exposiciones teatrales, al cinema, a las conferencias culturales, que proporcionarán alegría y diversión común.

DEFENSA DE LA REVOLUCIÓN

Admitimos la necesidad de la defensa de las conquistas realizadas por medio de la revolución, porque suponemos que en España hay más posibilidades revolucionarias que en cualquiera de los países que la circundan. Es de suponer que el capitalismo de éstos no se resigne a verse desposeído de los intereses que en el curso del tiempo haya adquirido en España.

Por lo tanto, mientras la revolución social no haya triunfado internacionalmente, se adoptarán las medidas necesarias para defender el nuevo régimen, ya sea contra el peligro de una invasión extranjera capitalista, antes señalado, ya para evitar la contrarrevolución en el interior del país. Un ejército permanente constituye el mayor peligro para la revolución, pues bajo su influencia se forjaría la dictadura que había de darle fatalmente el golpe de muerte.

En los momentos de lucha, cuando las fuerzas del Estado, en su totalidad, o en parte, se unan al Pueblo, estas fuerzas organizadas prestarán su concurso en las calles para vencer a la burguesía. Dominada ésta, habrá terminado su labor.

El Pueblo armado será la mayor garantía contra todo intento de restauración del régimen destruido por esfuerzos del interior o del exterior. Existen millares de trabajadores que han desfilado por los cuarteles y conocen la técnica militar moderna.

Que cada Comuna tenga sus armamentos y elementos de defensa, ya que hasta consolidar definitivamente la revolución éstos no será destruidos para convertirlos en instrumentos de trabajo. Recomendamos la necesidad de la conservación de aviones, tanques, camiones blindados, ametralladoras y cañones antiaéreos, pues es en el aire donde reside el verdadero peligro de invasión extranjera.

Si llega este momento, el Pueblo se movilizará rápidamente para hacer frente al enemigo, volviendo los productores a los sitios de trabajo tan pronto hayan cumplido su misión defensiva. En esta movilización general se comprenderá a todas las personas de ambos sexos aptas para la lucha y que se aprestan a ella desempeñando las múltiples misiones precisas en el combate.

Los cuadros de defensa confederal, extendidos hasta los centros de producción, serán los auxiliares más valiosos para consolidar las conquistas de la revolución y capacitar a los componentes de ellos para las luchas que en defensa de la misma debamos sostener en grandes planos.

Por tanto declaramos:

1º El desarme del capitalismo implica la entrega de las armas a las Comunas, que quedarán encargadas de su conservación y que cuidarán, en el plano nacional, de organizar eficazmente los medios defensivos.

2º En el marco internacional, deberemos hacer intensa propaganda entre el proletariado de todos los países para que éstos eleven su protesta enérgica, declarando movimientos de carácter solidario frente a cualquier intento de invasión por parte de sus respectivos Gobiernos. Al mismo tiempo, nuestra Confederación Ibérica de Comunas Autónomas Libertarias ayudará, moral y materialmente, a todos los explotados del mundo, a libertarse para siempre de la monstruosa tutela del capitalismo y del Estado.

martes, 12 de enero de 2010

Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas (1968)

Reproducimos aquí, por parecernos interesantes, las conclusiones del Congreso de la Internacional de Federaciones Anarquistas celebrado en Carrara, en agosto y septiembre de 1968

Revolución social libertaria indispensable

La organización de la economía de fondo, orientación y finalidad libertarias y su desarrollo y desenvolvimiento hace indispensable un cambio radical del sistema capitalista y estatal y asimismo del llamado comunista de Estado imbuido de todos los principios marxistas-leninistas. Este cambio implica necesariamente abolir y superar ambos y asentar las bases fundamentales de la nueva economía y de la sociedad anarquista o del socialismo ácrata en marcha hacia ella.



Ni la sociedad anarquista ni siquiera la comunista libertaria se van a realizar por arte de encantamiento ni en un día, ni de manera sincronizada en el plano mundial, en una fase dada de la historia humana universal. La revolución social no será simultánea en cada uno y en todos los países del mundo a la vez. Ni tampoco podrá ser uniforme, a base de un tipo o patrón único, pues las condiciones geográficas, climáticas, étnicas, demográficas, las de desarrollo industrial, de riquezas naturales, de existencia o no de materias primas, de posibilidades agrícolas, las de ambiente, mentalidad y cultura, etc., influirán en sus variantes constructivas, aún bajo la influencia determinante de la savia y de la orientación libertaria, haciendo que, según la densidad de ésta y de los caracteres específicos señalados, aparezcan, no ya sólo universalmente sino en cada país propiamente dicho, el sistema y sus estructuras nuevas bajo perfiles y aspectos polifacéticos, múltiples y pluralistas, en la rebusca de un incesante perfeccionamiento y armonioso equilibrio.

Pero las características esenciales de la sociedad anarquista o anarquizante y de los medios y procedimientos prácticos y eficaces para llegar a ella, deben manifestarse con recios y claros lineamientos para prender en la realidad y abrir surco profundo en ella, con miras a las eclosiones fecundas del mañana libre, ya desde hoy.

La finalidad de la nueva economía libertaria y de la sociedad anarquista debe ser la libertad y el bienestar de todos y de cada uno de los seres que la compongan, en un medio de igualdad social y de solidaridad humana.

Para realizar este fin se hace indispensable la desaparición del Estado bajo todas sus formas de la dictadura, aunque se le llame transitoria, de todas las instituciones autoritarias del capitalismo; de la propiedad privada; de todas las formas y procedimientos de explotación y de opresión del hombre por el hombre, de las clases sociales, rangos, jerarquías y privilegios; del asalariado.

Aunque la revolución social en un país no puede ir, desgraciadamente, en sus primeras fases, más allá de ciertas condiciones determinadas que impondrán inevitablemente las características del propio país y los medios con que el mismo cuente en el momento que estalle o se produzca aquella, al menos en el orden económico, pues la economía globalmente considerada no se crea ni se desarrolla en un instante, desde el primer momento, imprimiendo su huella fecundante y su voluntad realizadora firmemente definida, por parte de los anarquistas se ha de tener la preocupación de plasmar en la realidad la máxima sustancialidad, realizaciones y desarrollo libertarios.

Y el lema debe ser: Libertad, pan, vestido, vivienda, cultura y recreo para todos. De cada uno según sus medios a cada uno según sus necesidades. Habrá que destruir y barrer todos los obstáculos interiores, sobrevivencias de un pasado de autoritarismo y de explotación, que se opongan a la libre organización de la sociedad nueva.

Y no se podrá contar mucho con la solidaridad revolucionaria mundial apoyando la revolución social del país que fuere, sobre todo si se presenta con tipología preponderante definidamente anarquista. Toda ayuda de los bloques predominantes internacionalmente tenderá a la satelización.

Y hay que contar, además, que en todo cambio revolucionario profundo se produce un periodo de marasmo económico, de tanteo experimental, de ajuste de las estructuras más idóneas a los objetivos y fines perseguidos, que pone a prueba la corriente revolucionaria transformadora y su valor y capacidad realizadora y constructiva.

Asegurar la existencia y el funcionamiento libre de la sociedad

Desde el primer momento se hace necesario asegurar la producción, el abastecimiento, incrementar el rendimiento, la productividad, sin explotar al hombre productor, sin extenuarle, sin aprisionarle en normas de trabajo alienadoras.

El triunfo inmediato de la revolución social y su consolidación y las fases futuras de su desenvolvimiento progresivo dependerá en mucho de la propia capacitación social, económica, cultural e ideológica de los trabajadores, de lo que podríamos llamar capacidad específica revolucionaria y libertaria, individual y globalmente considerada. El factor esencial del orden nuevo debe ser el hombre libre y consciente de sí mismo.
Ningún tipo de economía, ya desechando todo cuanto puede suponer sistema capitalista, estatal o comunista de Estado, es consubstancial con el anarquismo.

Nuestro fin es vivir en libertad y hacer todo lo posible para que todos los seres puedan disfrutar de ella y gozar, en igualdad de condiciones, de cuanto la tierra, la naturaleza y el esfuerzo solidario de los hombres pueden proporcionar a todos y a cada uno indistintamente.

Amplia recepción del anarquismo social

Por las mismas razones nuestra concepción del socialismo integral, del socialismo ácrata es amplia y no exhaustiva, ni unilateral ni uniforme en sus posibilidades y modalidades de aplicación práctica. Y si nuestras preferencias van hacia el comunismo libertario, como régimen económico abierto y perfectible, no rechazamos sistemáticamente, aparte de las burguesas y autoritarias, otras modalidades de organización social, ya sean de tipo mutualista, colectivista, cooperativista, etc., siempre que de ellas quede excluida toda raíz de explotación del hombre por el hombre. La libertad de experimentación de modalidades económicas las más justas y adecuadas para dar satisfacción a las necesidades humanas y asegurar al hombre el máximo de libertad y el mayor bienestar, deberán tener vía abierta en la sociedad anarquista, tratando, naturalmente, de que marchen de común concierto con la convivencia del conjunto y del sistema general cimentado en la asociación federativa de los productores libres y de consumidores solidarios.
Libertad de experimentación

La experimentación y coexistencia de modalidades de tipo socializador, mutualistas (Proudhon), colectivistas (Bakunin-R. Mella), comunistas (Kropotkin- Malatesta), cooperativistas (no comercializadas), etc., a la escala local, comarcal, regional o nacional, puede ser posible, dentro del sistema libertario, salvaguardando el principio anárquico esencialmente antiautoritario, fundamentalmente autónomo y federalista. Y máxime si se entiende, como es lógico libertariamente, que la evolución humana y la de las formas sociales no se estanca y que ninguna estructura económica podría considerarse definitiva e inmutable. Crear siempre más libertad, más bienestar, más abundancia de todo, mayor perfección, y las más óptimas condiciones para el pleno desarrollo del individuo, del grupo social, del conjunto humano, tal debe ser la orientación y el fin de la sociedad anarquista, de la organización social y económica libertaria.

Esbozos sociales y económicos libertarios

La economía no puede desarrollarse sin base social. Y donde exista el ser o el grupo humano, surge la sociedad, de la misma convivencia. Las necesidades se presentan, con sus inapelables exigencias, hasta por el mismo orden simple y natural biológico y, manifestándose en el plano general, trascendiendo el conjunto colectivo, hacen que los hombres se vean en el deber de buscar una ordenación o principio regulador, para hacer al menos compatible la propia convivencia humana, ya sea a base de pacto o de contrato libremente aceptado y conscientemente consentido, voluntariamente aplicado.

En la concepción anarquista -al menos en la que admite la base organizadora por pacto libre- el comunismo libertario es el sistema o mecanismo estructural que hace más viable la formación y el desenvolvimiento de la sociedad cimentada sobre postulados ácratas interpretados con lúcido realismo, sin mixtificación del sentido y contenido de aquellos.

Base de la nueva sociedad: la Comuna libre

La piedra angular o célula viviente de la nueva organización social libertaria, para nosotros, además del individuo, del grupo, de la colectividad, del sindicato es la Comuna libre.

La Comuna libre, constituida por todos y cada uno de los ciudadanos, puede tener la función de coordinación social general, en el aspecto simplemente administrativo; no de poder o institución política sino de servicio social, en el plano territorial local. Sus funciones deben ajustarse a aquellas resoluciones y decisiones que las propias asambleas libres comunales hayan tomado de consenso mutuo. De la organización comunal ha de desterrarse todo autoritarismo y toda burocracia.

Las federaciones comarcales, regionales y nacionales de Comunas libres podrán constituirse en el plano general de un país o zona geográfica y étnica determinada, y confederarse internacionalmente.

La Comuna no debe concentrar en sí el poder político, y menos militar, que debe éste igualmente desaparecer en absoluto. Ni siquiera poder revolucionario. Todo poder político ha de ser abolido y nadie debe ejercerle. Tampoco debe haber en la Comuna propietarismo económico, que haga de su término geográfico e histórico un coto cerrado o un feudo. Toda Comuna debe estar abierta a la solidaridad, practicarla y recibirla, basándose en el principio de que toda riqueza natural o creada o fabricada, todo producto, utillaje o bien material, es patrimonio común y permanece a la disposición de todos, siendo su usufructo regulado por las normas colectivas libre y voluntariamente establecidas.

Del sindicato revolucionario y de sus funciones

El organismo que en la sociedad socialista ácrata mejor puede asegurar la organización del trabajo y su función, es el sindicato de característica sindicalista revolucionario, constituido por los trabajadores libres de la industria, del campo, de la mina, de los laboratorios, de los centros de investigación y rebusca, los de especialidades técnicas. Los sindicatos, agrupados por ramos e industrias, en federaciones locales, comarcales, regionales, nacionales e internacionales y administrando directamente, bajo su responsable control, fábricas y talleres, campos, minas, marinas, institutos científicos y tecnológicos, son organismos aptos para asegurar la producción de todos los artículos y cosas indispensables a la sociedad y a sus componentes, a tenor de las necesidades que se hagan sentir y se presenten, persiguiendo el objetivo de crear la abundancia con la aportación de cada uno al esfuerzo común, según sus fuerzas y capacidades y sin explotación de nadie ni privilegio alguno. Todos los recursos materiales, económicos y técnicos, los artículos manufacturados, los productos agrícolas, ganaderos, de pesca, etc., habrán de considerarse y ponerse a disposición común, por medio de los organismos adecuados y más idóneos, para la distribución, el cambio y la repartición más equitativa.

Las Federaciones de sindicatos podrán formarse por categorías de producción, ya sea industrial, campesina, etc., o de servicios públicos, correos, comunicaciones, transporte y demás.

La revolución social, con la desaparición de la burguesía y de las estructuras capitalistas y autoritarias, deberá establecer una nueva ordenación económica, que implicará necesariamente otras modalidades de trabajo, reajustes de fabricación, reconversiones profesionales, especialidades distintas de la producción.

Los sindicatos por profesión o industria tampoco habrán de disponer de poder político ni de propiedad de fábrica, de maquinaria o de productos elaborados. El propietarismo corporativista tampoco hay que dejarle tomar raíz en la sociedad anarquista o comunista libertaria.

La autogestión ha de tener por base asegurar la mejor y más racional organización del trabajo y la función de producción, controlados por un elevado sentido de responsabilidad individual y profesional consciente y voluntario.

Los comités o comisiones de autogestión de fábrica, empresa, taller o colectividad productora serán nombrados directamente por el propio personal ocupado en las mismas, estando sujetos a renovaciones periódicas y siendo revocables.

El burocratismo debe desterrarse de los comités y de todas partes. Al mismo personal técnico o calificado en especialidad, no ha de conferírsele en ninguna circunstancia, categoría de mando.

Nos manifestamos contrarios a admitir el principio de todo el poder a los sindicatos, como el de concederlo, de dirección-mando, a cualquier persona técnica o especializada, encargada responsablemente de un trabajo, quien deberá considerar a los demás trabajadores en un plano de igualdad moral y efectiva, como hombres y como productores, cooperando en las labores de una empresa común al servicio del bien general.

Sobre el salario o remuneración

Si los anarquistas nos hemos fijado por finalidad el suprimir la explotación del hombre por el hombre, el abolir las clases y el salariado, lógicamente no podríamos pronunciarnos, en una organización social de tipo libertario, por el mantenimiento de un tipo de salario o de categorías salariales de retribución por el trabajo efectuado.

Indudablemente son varios los problemas ya de orden moral, efectivo, práctico y social que supone la supresión del salario. Y buscar procedimientos de remuneración por concepto de trabajo o unidades y especialidades del mismo, tampoco seria una solución libertaria y menos compatible con un alto sentido de justicia y de solidaridad humana.

Partiendo de este razonamiento, nos manifestamos partidarios de la aplicación del principio de a cada uno según sus fuerzas, a cada uno según sus necesidades, considerando que el trabajo de cada uno le da derecho a la satisfacción de sus necesidades personales y a procurarse libremente el abastecimiento de cuanto se le haga preciso e indispensable en los almacenes, cooperativas o centros de distribución común.

Una carta de trabajador o de productor -carta especial para impedidos, inválidos, ancianos o niños- puede tener valor adquisitivo en todas partes y dar derecho a ser beneficiario de todos los servicios comunes. La socialización de los mismos, como también los de la vivienda, sanidad, seguridad social, espectáculos y recreos, ha de considerarse como una de las fórmulas más prácticas y accesibles al usufructo individual, familiar y común.

Es indispensable que cada hombre o mujer válidos tengan asegurada una plaza, un empleo o colocación útil en la organización común o colectiva del trabajo, como un derecho inalienable e imprescriptible reconocido y establecido por la sociedad anarquista, por la nueva organización social comunista libertaria.

Distribución y consumo

El fin de la organización social que defendemos y preconizamos, no debe ser el beneficio o el provecho industrial o comercial, manipulado o monopolizado por un grupo, clan, entidad u organismo cualquiera, sino el bien común, dentro de la Federación o Asociación de Comunas libres y solidarias.

Por otra parte, entendemos que las formas y mecanismos económicos de la sociedad anarquista no deben encajarse en una rígida armadura, en un régimen monolítico y de estructuras inamovibles.

Respetando el principio fundamental de no explotación del hombre por el hombre, de comunidad de riquezas, bienes, tierras, máquinas y productos, todo ha de ser puesto a la disposición y consumo y utilización individual y común.

Y así la libertad, el pan, la cultura y la independencia dentro de la unión y solidaridad quedarán mejor garantizados y asegurados para todos.

La distribución general coordinada y al detalle de productos agrícolas y manufacturados podrá ser asegurada por las asociaciones o federaciones de consumidores, a base de almacenes de abastecimientos y suministro al por mayor, donde los sindicatos de producción y colectividades podrán suministrar y depositar los productos, y por medio de las cooperativas de consumo y de los economatos o centros calificados para la distribución al detalle, exentos de todo mercantilismo.

Organismos de la revolución Las colectividades

Las colectividades de producción, y hasta las mixtas de producción y consumo, sobre todo en el agro, en el medio rural y campesino, pueden ser también un factor importante entre los medios idóneos y eficaces de asentamiento y desenvolvimiento de la nueva economía, como organismos vitales funcionando sobre el principio de libre cooperación en la nueva economía solidaria, sin mercantilismo ni concurrencia.

La experiencia de los sovkozes y de los kolkhozes es demostrativa de los grandes defectos que aquejan esos organismos, sobre todo de la factura estatal de los primeros, y a la vez de su ineficacia.

Los kibbutz, a través de sus modalidades conocidas y de su mismo funcionamiento interno, tampoco pueden ser preconizados como tipo de organización económica y social libertaria. En tal sentido, descartamos igualmente la fórmula del soviet, cuya experiencia en la U.R.S.S. ya hemos podido comprobar lo que ha podido dar de sí.

Hasta la fecha, experimentalmente, como expresión práctica y eficaz de realización colectivista-comunista viviente, puede ofrecerse el de las colectividades de tipo libertario durante la revolución española, en una situación dada de trascendental realismo histórico, manifestándose como organismos eficientes para asegurar el desenvolvimiento económico de un pueblo, sobre todo desenvolviéndose vinculadas de concierto con los sindicatos y demás organismos comunales, complementarios unos de otros y atendiendo cada uno en su esfera delimitada y característica respectiva, las necesidades y funciones económicas y sociales inherentes a la sociedad o comunidad.

Consejos sociales y económicos

Entre los organismos complementarios de utilidad, a título de asesoramiento, de información y de estadística, de orientación técnica, de rebusca de modalidades de organización más perfecta, de coordinaciones de plano local y general, de enseñanzas prácticas deducidas de las mismas experiencias diversas comparadas de producción y de consumo, de explotación y estudio de las posibilidades de desarrollo económico y de explotación de nuevas riquezas en común, puede haber los consejos de economía locales, comarcales y regionales, desembocando en el Consejo general de economía nacional federada.

Esos consejos de economía no deben tener ninguna potestad ejecutiva, sino simplemente misión consultiva y de asesoramiento. Podrán ser formados por delegados designados por la Comuna, los sindicatos, las colectividades, las cooperativas y centros de consumo, los organismos técnicos y culturales.

Los miembros de esos consejos, que incluso podrían éstos ser denominados consejos sociales y económicos, serán designados por los organismos respectivos y delegados a aquellos, a título temporal renovable y revocable.

Teniendo en cuenta las necesidades esenciales, materiales, productivas, relacionadoras, culturales y artísticas, etc., entre los consejos sociales y de economía que podrían formarse hay el de alimentación, el de vivienda, el de vestir, el de la producción agrícola, ganadera y forestal, el de la minería, el de la pesca, el de transporte, de comunicaciones, de artes gráficas, prensa y libro, el de la industria metalúrgica y siderúrgica, el de agua, luz, fuerza motriz y nuclear, el de la industria química, el del ramo del vidrio y cerámica, el del ramo de la madera, el de la construcción, el de sanidad, el de la cultura, artes y recreos, el de ciencias, investigaciones y técnicas, el de depósitos, créditos e intercambios, el de relaciones exteriores, el de importación y exportación, los cuales, a través de sus ramificaciones locales, comunales, sindicales, de colectividades, cooperativas y agrupaciones autónomas, sin centralismo alguno, de abajo a arriba, se entrelazarán en un consejo general de coordinación y solidaridad de entidades y organismos autónomos, sin atribuciones ejecutivas.

Las denominaciones de los diversos consejos que enumeramos podrán ser distintas de las que damos nosotros, los acoplamientos tener más o menos amplitud, las demarcaciones por especialidad o rama más variadas o sintéticas que las apuntadas. Y serán siempre adoptadas de común concierto, entre los interesados, directamente, sin imposición alguna.

Consideraciones generales

Al trazar o esbozar esas modalidades o fórmulas lo hacemos con la preocupación principal de evitar las influencias y reminiscencias autoritarias, las tendencias centralizadoras, absorbentes y monopolizantes en la sociedad anarquista o comunista libertaria y con el deseo de dar a la libertad, a la autonomía, contenido viviente, estructural, funcional, práctico y estimulador de mayor progreso y ascensional perfeccionamiento. La energía dinámica social transformadora y creatriz, la fundamentamos en el hombre y en la mujer, naturalmente, en su propia conciencia, como ser integral en sí, individualmente, y como unidad autónoma asociada voluntariamente al conjunto comunitario.

Si en las etapas de transformación y hacia la realización plena del comunismo, mientras el desarrollo industrial y agrícola no hayan alcanzado grado suficiente, por diversas causas, para crear la superabundancia y la libre adquisición individual, sin acaparamiento ni abuso de toda clase de productos, se estimara que no se hacía indispensable una regularización de la distribución y del consumo dentro del propio sistema de socialización aplicada, de colectivismo o de comunismo incipiente, ella deberá ser la más racional y justa.

Lo mismo opinamos si se pensara en la conveniencia o utilidad de un sistema de remuneración, para dar facilidades adquisitivas. De él somos contrarios porque tememos que la remuneración, de no ser igualitaria, y aún así, caería fatalmente en injusticias, suscitaría egoísmos y enconos y a la larga haría resucitar desigualdades.

La existencia del dinero, ya muy controvertida en sociología libertaria, tampoco es aconsejable, a nuestro entender. Y de establecerse un signo monetario, a base de bonos o de vales, tampoco ha de quedar centralizado en un organismo de tipo bancario, sino que, emitidos esos vales o bonos-moneda por las comunas, interiormente y en el plano general, han de poseer valor adquisitivo y permutable en todas ellas. Ha de evitarse la acumulación de valores de signo monetario, en especies o productos, la acumulación de la índole que sea, por parte de una comuna, de una colectividad o empresa potente, más importante o más próspera, de una región más desarrollada, de la misma manera que ha de evitarse y combatirse la centralización y el monopolio.

Si un plan económico general se hiciera necesario establecer, habrá de procurarse que las partes o unidades contribuidoras o cuyo concurso y recursos se requieren o pudieran ser afectadas, no queden sacrificadas, y lo acepten previamente, pues si la voluntad general se impusiera y se manifestara con la omnipotencia de un poder efectivo e indiscutible, se engendraría el riesgo de opresión o de injusticia y la rebeldía surgiría como reacción defensiva inevitable. La sociedad ha de ser como un organismo viviente en que todas las células o agrupaciones de ellas, todos los órganos, cumplen su función, para asegurarse la vida y la salud, con la diferencia de que dentro de ese organismo social el hombre se siente él y se manifiesta autonómicamente, contribuyendo con su propia individualidad a enriquecerlo y a vitalizarlo y con su inteligencia, razón y conocimientos, a darle conciencia, humanismo, desenvolvimiento armónico, impulsión creadora y ascendente.

Lejos de nosotros está la pretensión, que sería vana, de definir en lineamientos inmutables, ni siquiera a grandes rasgos y mucho menos en detalle minucioso, las bases sociales, éticas y económicas del anarquismo -adrede no utilizamos el vocablo político, por las mismas confusiones a que el mismo se presta, como se presta el de democracia. La evolución de la historia sabemos que lejos de seguir una línea ascensional continua, más bien la traza ondulante y está llena de contradicciones, y es a través de ellas como las nuevas formas sociales y económicas, y el propio desarrollo de la conciencia y de la ética humana, se superan y dan paso a nuevas formas, estructuras y conciencia de la ética humana, se superan y dan paso a nuevas formas, estructuras y concepciones, que tienen también existencia efímera, en una perpetua renovación de la vida social y de sus formas, dinámica creadora permanente de lo nuevo, imprimiendo su modulación y su huella a las realidades de cada tiempo, en cada pueblo y en el mundo. Es la propia dialéctica de la vida que crea esos gérmenes que dan impulso al progreso, pasando por el cerebro, la conciencia y la voluntad del hombre y plasmando en formas nuevas realidades efímeras.

Conscientes de ello, como anarquistas, pugnando por todas las audacias realizadoras progresivas, manteniendo viviente y activo el espíritu revolucionario, no ponemos trabas ni límites a la construcción del mañana libre, en continuo proceso de desarrollo y nos limitamos a estos apuntes alrededor del tema La organización de la economía en una sociedad anarquista o durante la etapa de transición revolucionaria hacia la anarquía, sin ninguna pretención exhausiva y como contribución al pensamiento y contenido común en los aportes a la doctrina libertaria, sin ninguna pretensión de originalidad.

domingo, 10 de enero de 2010

¿Los anarquistas están a favor de la organización?

Ateneo Virtual- Faq anarquista
Sí. Sin asociación, una vida verdaderamente humana es imposible. La libertad no puede existir sin sociedad ni organización. Como indica George Barret:

"Para llegar al sentido pleno de la vida debemos cooperar, y para cooperar tenemos que llegar a acuerdos con nuestros semejantes. Suponer que tales acuerdos significan limitaciones a la libertad es en verdad un absurdo; al contrario, son el ejercicio de nuestra libertad.

Si vamos a inventar un dogma sosteniendo que el llegar a acuerdos es dañar la libertad, entonces la libertad se vuelve tiranía inmediatamente, puesto que prohíbe a los hombres los más ordinarios placeres cotidianos. Por ejemplo, yo no puedo ir a pasear con un amigo puesto que va contra el principio de la Libertad si acordamos estar en cierto sitio a cierta hora para reunirnos. No puedo ni siquiera extender mi influencia más allá de mi mismo, porque para hacerlo tengo que cooperar con alguien más, y la cooperación lleva consigo el acuerdo, y eso va contra la libertad. Se verá de inmediato que este argumento es absurdo. Yo no limito mi libertad, simplemente la practico, cuando me pongo de acuerdo con mi amigo para ir de paseo.

Si, por otro lado, decido debido a mis mayores conocimientos que es bueno para mi amigo hacer ejercicio, y por eso intento obligarle a dar un paseo, entonces yo comienzo a limitar la libertad. Esta es la diferencia entre un acuerdo libre y un gobierno."


Objecciones al anarquismo , pp. 348-9


En cuanto a la organización, los anarquistas piensan que "lejos de crear autoridad, es la única cura para ella y el único medio por el cual cada uno de nosotros se acostumbrará a tomar parte activa y consciente en el trabajo colectivo, y cesará de ser un instrumento pasivo en manos de los dirigentes" (Errico Malatesta, vida e ideas). Así los anarquistas son conscientes de la necesidad de organizarse de una forma estructurada y abierta. Como señala Carole Ehrlich, aunque los anarquistas "no se oponen a la estructuración" y simplemente "quieren abolir la estructura jerarquica" están "casi siempre estereotipados como que no quieren ninguna estructura." Esto no es así, para "organizaciones que se construyen con responsabilidad, la difusión de poder entre el maximo número de personas, rotación de trabajos, compartir las habilidades, y la difusión de la información y los recursos" que estan basadas en "los buenos principios anarquistas de organización" (Socialismo, Anarquismo y Feminismo, Quiet Rumours: An Anarcha-Feminist Reader, p. 47 y p. 46)

El hecho de que los anarquistas están a favor de la organización puede parecer extraño al principio, pero es comprensible. "Para aquellos con experiencia solo en la organización autoritaria," sostienen dos anarquistas britanicos, "parece que la organización solo puede ser totalitaria o democratica, y que aquellos que no creen en gobiernos deben no creer en ningun tipo de organización. Esto no es así." (Stuart Christie y Albert Meltzer, The Floodgates of Anarchy, p. 122). En otras palabras, como vivimos en una sociedad en la que virtualmente todas las formas de organización son autoritarias, las hace que parezcan como la unica clase de organización posible. Lo que casi nunca se reconoce es que este modo de organización ha sido condicionado históricamente, surgiendo de una clase de sociedad particular - una cuyos motivos principales son la dominación y la explotación. Según los arqueólogos y los antropólogos, este tipo de sociedad sólo lleva en existencia unos 5.000 años, habiendo aparecido con los primeros estados primitivos basados en la conquista y la esclavitud, en los que el trabajo de los esclavos creo un excedente que mantuvo a la clase dominante.

Anteriormente, durante cientos de miles de años, las sociedades humanas y proto-humanas eran lo que Murray Bookchin llama "orgánicas", es decir, basadas en formas cooperativas de actividad económica involucrando el apoyo mutuo, el libre acceso a los recursos de producción y el compartimiento de los frutos de la labor comunal de acuerdo con las necesidades de cada uno. Aunque tales sociedades probablemente tenían rangos basados en la edad, no había jerarquías en el sentido de relaciones de dominio-subordinación institucionalizadas, impuestas por sanciones coercitivas resultantes en la estratificación de clases y suponiendo la explotación económica de una clase por otra (ver Murray Bookchin, La Ecología De La Libertad).

Hay que notar, sin embargo, que los anarquistas no abogan por un retorno a la "edad de piedra". Simplemente apuntamos que puesto que el modo de organización jerárquico-autoritario es un desarrollo relativamente reciente en el curso de la evolución social humana, no hay razón para suponer que de alguna forma está "destinado" a ser permanente. No creemos que los seres humanos estén genéticamente "programados" para una conducta autoritaria, competitiva y agresiva, al no haber pruebas convincentes que apoyen esta premisa. Al contrario, tal conducta esta condicionada socialmente, o aprendida, y como tal, puede ser desaprendida (ver Ashley Montagu, La Naturaleza De La Agresión Humana). No somos ni fatalistas ni deterministas genéticos, sino que creemos en el libre albedrío, que significa que la gente puede cambiar la manera de hacer las cosas, incluyendo la forma en que organizan la sociedad.

No cabe duda que la sociedad necesita ser organizada mejor, puesto que en el presente la mayor parte de la riqueza - que es producida por la mayoría - y el poder están distribuidos entre una pequeña minoría elitista en la cumbre de la pirámide social, causando privaciones y sufrimientos a los demás, particularmente a los que están en lo más bajo. De esta manera, ya que esta elite controla los medios de coerción a través de su control del estado (ver sección B.2.3), puede así someter a la mayoría e ignorar sus sufrimientos - un fenómeno que ocurre a menor escala en todas las jerarquías. No es de extrañar, pues, que la gente en las estructuras autoritarias y centralizadas lleguen a odiar a esas elites como una negación de su libertad. Alexander Berkman dice:

"Cualquiera que te diga que los Anarquistas no creen en la organización esta diciendo tonterias. La vida entera es organización, sea consciente o inconsciente (...) Pero hay organización y organización. La sociedad capitalista esta tan mal organizada que sus diversos miembros sufren: Tal como cuando tienes un dolor en alguna parte de ti, todo tu cuerpo te duele y tu estas enfermo (...), ni un solo miembro de la organización o el sindicato puede con impunidad ser discriminado, ahogado o ignorado. Hacerlo sería lo mismo que ignorar un dolor de muelas: enfermarías del todo."

Op. Cit. , p. 53

Hasta ahora esto es lo que sucede precisamente en la sociedad capitalista, con el resultado de, efectivamente, "todo enfermo".

Por estas razones, los anarquistas rechazan las forams autoritarias de organización y en cambio apoyan las asociaciones basadas en el libre acuerdo. El libre acuerdo es importante porque, en palabras de Berkman "unicamente cuando cada uno es una unidad libre e independiente, cooperando con otros desde su propia elección por intereses mutuos, puede el mundo trabajar con exito y llegar a ser poderoso." (Op. Cit., p. 199). Como discutimos en la sección A.2.14, los anarquistas hacen hincapie en que el libre acuerdo tiene que ser complementado con la democracia directa (o, como es denominado normalmente por los anarquistas, la autogestión) dentro de la asociación de lo contrario la "libertad" sera poco más que elegir señores.

La organización anarquista esta basada en una masiva descentralización de poder recuperada por las manos del pueblo, es decir por aquellos que directamente son afectados por las decisiones que se toman. Citando a Proudhon:

"A menos que la democracía sea un fraude y la soberanía del Pueblo un chiste, debe ser admitido que cada ciudadano en la esfera de su industria, cada consejo provincial, de distrito, municipal dentro de su propio territorio (...) deber actuar directamente y por si mismo administrando los intereses que le incumban, y deberia ejercer plena soberanía en relación a ellos."

The General Ideal of the Revolution , p. 276

También implica una necesidad de federalismo para coordinar intereses colectivos. Para el anarquismo, el federalismo es el complemento natural de la autogestión. Con la abolición del Estado, la sociedad "puede y debe, organizarse de una forma diferente, pero no de arriba a abajo (...) La futura organización social debe estar hecha enteramente desde abajo hacia arriba, por la libre asociación o federación de trabajadores, primeramente en sus sindicatos, después en comunas, regiones, naciones y finalmente en una gran federación, internacional y universal. Solo entonces sera realizado el verdadero y vigorizante estado de libertad y bien común, que lo ordena, lejos de denegarla, por el contrario afirma y armoniza los intereses de los individuos y de la sociedad." (Bakunin, Mijail Bakunin: Selected Writings, pp. 205-206) Porque una "organización verdaderamente popular comienza (...) desde abajo" y "el federalismo se convierte en una institución politica del Socialismo, la libre y espontanea organización de la vida popular." Así el socialismo libertario "es federalista en esencia". (Bakunin, The Political Philosophy of Bakunin, pp. 273-274 y p. 272)

Por tanto, la organización anarquista esta basada en la democracía directa (o la autogestión) y el federalismo (o confederación). Son la expresión y el entorno de la libertad. La democracia directa es esencial porque la libertad e igualdad implican la necesidad de foros en los que la gente puede discutir y debatir como iguales y en los que se permite el libre ejercicio de lo que Murray Bookchin llama "el creativo papel del disidente." El federalimo es necesario para asegurar que los intereses comunes son discutidos y la actividad colectiva se organiza de forma que refleje los deseos de todos aquellos que esten afectados. Para asegurar que las decisiones fluyen de abajo a arriba en lugar de ser impuestas de arriba a abajo por unos pocos gobernantes.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Utopía colectivista y autonomía individual

Nelson Méndez y Alfredo Vallota
El concepto de autogestión emerge en el debate político y en la reflexión de las ciencias sociales a partir de la década de 1950, asociado a las experiencias entonces novedosas de los kibutzim en Israel, del modelo económico desarrollado en Yugoslavia tras el rompimiento con la Unión Soviética y más adelante, al comenzar los años 60, de iniciativas análogas en lugares como Argelia y Tanzania. Desde ese entonces, ha ido ganando peso como un tema importante a la hora de proponer y discutir formas de organización social y económica, lo que se explica tanto por los fracasos evidentes, o inconvenientes crónicos, de los modelos organizacionales que favorecen la concentración autoritaria de poder, como por lo atrayente de su enfoque radicalmente alternativo en cuanto a las posibilidades de racionalizar funciones y estructuras de la vida en colectivo, reclamando nada menos que romper con las tradicionales pautas de dominio jerárquico dentro de las instituciones, propugnando una distribución horizontal del poder, que conlleva un incremento de la participación y compromiso de los individuos con la tarea colectiva y un ejercicio de la libertad responsable.



Al ahondar en este tópico, sus raíces históricas, sus implicaciones teóricas y sus posibilidades prácticas, se ha hecho evidente que la autogestión –si bien bajo otras denominaciones– era un principio inseparable a lo que, desde mediados del siglo XIX hasta hoy, han sido las ideas y prácticas del anarquismo o socialismo libertario. Es por ello que, dando continuidad al esfuerzo de investigación que venimos realizando sobre la filosofía y práctica socio-histórica del anarquismo, consideramos necesario discutir conceptualmente la autogestión, meta y metodología en la propuesta libertaria1 para el presente y el futuro, a la que estas reflexiones aspiran a contribuir.

Sin embargo, la autogestión no es propiedad de los libertarios en cuanto bandera política, sino un carácter del ser humano, que se refleja a lo largo de toda la cultura occidental, aunque siempre reprimido por casi todos los modelos de institucionalización de la vida colectiva, especialmente las formas estatales. Para citar un autor, que nadie puede calificar de anarquista ni siquiera remotamente, recordemos cómo Aristóteles diferenciaba al hombre libre del esclavo. Dice el estagirita: “el que siendo hombre no se pertenece por naturaleza a sí mismo sino que es un hombre de otro, ése es por naturaleza, esclavo”2. Objetamos que se pueda ser esclavo por naturaleza, pero también Aristóteles reconoce que hay esclavos por ley, que son los dominados por la fuerza y a quienes los vencedores les imponen su dominio, como es el caso de nuestro tiempo3. Pero lo que hemos de destacar es que ya uno de los padres del pensamiento occidental señalaba que lo propio del hombre libre es ser autónomo, no pertenecer a otro, ser por sí y en sí, ser la sustancia de la propia existencia. Y ser autónomo no es otra cosa que tener la posibilidad de autogestionar su vida, que se traduce en autogestionar su trabajo, sus acciones, sus metas en el seno del colectivo al que se pertenece. De manera que bien puede decirse con Aristóteles que la autogestión es inherente a la libertad de un ser humano que se considera como tal y una condición para su plena realización.

Si bien el término mismo de “autogestión” aparece a mediados del siglo XX, el sentido más específico que ha adquirido, con el correr del tiempo, expresa dos ideas cardinales desde el siglo XIX para el socialismo libertario, en el afán de concretar la autonomía del individuo: el concepto de autogobierno, según el cual todos nosotros podemos prescindir de la burocracia y del Estado en la gestión social; y la propuesta de la colectivización, como mecanismo mediante el cual los trabajadores tomarían en sus manos el control directo de los medios de producción4. A partir de estas concepciones originarias, es importante apuntar que, para el anarquismo actual, el debate sobre la autogestión va mucho más allá de las ideas clásicas, pues resulta esencial adecuar la propuesta libertaria a las condiciones de hoy, resaltando además sus matices distintivos y positivos frente a los malentendidos e inexactitudes que parecen multiplicarse en la medida que este tema va generando un interés más amplio.

¿Qué es la autogestión?

Teniendo en consideración las ideas esbozadas, propondremos un núcleo central de definiciones, en base a lo que diversos autores contemporáneos han percibido como la concepción anarquista de la autogestión para centrar el tratamiento del tema en el aspecto social de la autogestión.

Para el ideal ácrata, la autogestión es un proyecto o movimiento social que, aspirando a la autonomía del individuo, tiene como método y objetivo que la empresa y la economía sean dirigidas por quienes están directamente vinculados a la producción, distribución y uso de bienes y servicios. Esta misma actitud no se limita a la actividad productiva de bienes y servicios sino que se extiende a la sociedad entera, propugnando la gestión y democracia directa como modelo de funcionamiento de las instituciones de participación colectiva.

Examinemos lo anterior con detenimiento a fin de señalar los aspectos distintivos. La autogestión se opone a la heterogestión, que es la forma de conducir las empresas, la economía, la política o la sociedad desde fuera del conjunto de los directamente afectados. Cuando decimos fuera nos referimos a que no es el conjunto el que asume la dirección sino un sector, que se aparta de la totalidad para usarla en su propio beneficio, como ocurre habitualmente en el mundo contemporáneo en el que el capital asume el control en su provecho. Tal es el caso en las empresas y la economía cuando las dirige el Capital, pero similar sucede en la política con los partidos o en la sociedad con el Estado. Esta distorsión se manifiesta en que este dominio heterogestionario se ejerce siempre mediante el poder, cuando no directamente por la violencia, y no con argumentos, ni razones valederas, ni consensos.

La autogestión es un proyecto o movimiento, es decir, no es un modelo acabado. Su estructura, organización y, aun su existencia, es y será fruto del deseo, el pensamiento y la acción de los miembros del grupo involucrado (una fábrica, una finca, una escuela, o la sociedad toda) sin preconceptos ni imposiciones, como también lo serán las modalidades que pueda tomar en cada caso.

La autogestión a la que nos referimos es social, no individual, pues aunque su meta es el individuo, no lo entiende en su carácter aislado sino como un ente que con-vive con sus iguales, de los que depende y que, a su vez, también dependen de él. En este sentido, la gestión la entendemos como la tramitación de diligencias para un asunto de interés individual y colectivo, lo que siempre implica la participación de más de una persona. Es claro ver que, si esta gestión se realiza en el seno de un grupo que persigue fines compartidos, mediante acuerdos internos y con otros grupos, sin coacciones exteriores, entonces para nada se afecta la libertad individual, permitiendo que un compromiso se alcance no sobre la base del sometimiento sino en autonomía responsable.

La autogestión es método y objetivo, es decir, su fin es ella misma en tanto plena participación del individuo en el conjunto social, asumiendo en forma directa y colectiva la marcha de su grupo y la única forma de lograr la autogestión es mediante la ejecución de acciones autogestionarias, mediante la práctica de la autogestión. Lo que queremos decir con esto es que la autogestión es como aprender a leer, lo cual únicamente es posible leyendo. No hay un patrón previo que nos lleve a la autogestión excepto su propio ejercicio en el seno de un colectivo. Volviendo a nuestro ejemplo de la lectura, no hay nada más inútil que un libro para aprender a leer, porque si no se sabe leer, no sirve y, si ya se sabe leer, tampoco, porque a leer se aprende leyendo y a autogestionar nuestros asuntos, autogestionándolos, y tampoco hay recetas para alcanzarla, aunque cometamos errores en la vía. Si a ver vamos, siglos de heterogestión no han logrado todavía que los aciertos sean más que los errores y no parece que se logre en el futuro.

Se mencionaron dos aspectos, social y económico, y en este último hay dos niveles: microeconómico y macroeconómico. En el nivel microeconómico, y ejemplificando con cualquier empresa productora de bienes o servicios, la organización autogestionada existiría cuando la dirección esté en manos de los trabajadores y no en manos exclusivas de los dueños, sean privados o el Estado. En el nivel macroeconómico, lo anterior se traduce en la pérdida de peso del Capital (privado o estatal) en las decisiones económicas, siendo los trabajadores y sus intereses colectivos quienes adquieren preponderancia y responsabilidad; creando para ello, que seguramente será necesario, nuevos sistemas de organización para la sociedad entera.

Dado el carácter social de la autogestión, entonces no podemos pensar que una dada empresa o asociación esté aislada de las acciones e intereses de otras complementarias y del conjunto en su totalidad. De manera que con ellas se han de establecer relaciones, seguramente regidas por los mismos patrones que rigen las relaciones en el interior de cada una, conformando el conjunto un modelo macroeconómico que, a diferencia de los actuales (sean pseudo-socialistas o capitalistas) no esté desligado de los empeños de todos y cada uno de los individuos, sin importar su particular ubicación en el contexto colectivo. Al contrario, lo refleja y traduce. Por supuesto que esto encierra la idea de un gran dinamismo, ya que los medios y metas serán variables de acuerdo a las cambiantes circunstancias y decisiones, pero fácilmente armonizables si a todos los anima el mismo espíritu de bienestar colectivo.

Extender la autogestión a la sociedad implica hacer desaparecer todos los centros de poder que ahora se reservan la gestión político-social, tales como las grandes corporaciones, los partidos políticos, las burocracias sindicales, el Estado, el Ejército, etc.; poniendo en manos de todos los miembros de la colectividad sus asuntos, sin intermediarios, sin dirigentes y dirigidos, organizándose de la manera que a buen saber y entender juzguen más adecuada. En este punto, como en el anterior, destacamos que, según hemos dicho antes y queremos reiterar, el proceso de autogestión se desarrolla autogestionando.

La imperiosa necesidad de dar lugar a nuevos modos de organización, hace que las fuerzas que tratan de evitarlo, como la burocracia sindical, los gobernantes demagogos, los empresarios, asomen otro concepto que los teóricos organizacionales enarbolan de cuando en vez y es el de cogestión. La cogestión es un modelo de participación caracterizado por la composición paritaria de las instituciones, especialmente en lo que se refiere a la toma de decisiones. En otras palabras, patronos y trabajadores participan en igual número en la dirección de la empresa (en el mejor de los casos), con la presencia de un hombre o agente “neutral” para resolver situaciones de empate. En general, este último papel se lo reserva el Estado.

Este sistema se inició en el proceso de reconstrucción de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Alemania, donde opera bajo pleno reconocimiento institucional desde 1976 y, en menor o semejante grado, en otros países. Sin duda que este modelo intenta controlar la emergente voz de los directamente involucrados en la gestión, que son los trabajadores, dándoles una participación en algunos aspectos de la marcha de los negocios, la política o las instituciones con el fin de estimular su esfuerzo y compromiso. Sin embargo, éste es un pañito caliente porque no resuelve lo que está en juego, pues ha de haber un cambio radical para solucionar los numerosos problemas derivados de la situación vigente. Ninguna modificación superficial puede contribuir a saldar los problemas de fondo. Mucho menos ciertas opciones, como las de cogestión patrono-estatal, que lo único que significa es la apropiación del capital privado por los detentadores de la fuerza de las armas que acompaña al dominio político de todo Estado, sin que en esto los intereses de los trabajadores y la población en general participen en lo más mínimo, aunque ello se proclame4.

La autogestión libertaria es algo muy diferente de la cogestión. Como dijimos, la cogestión es una forma de participación, es decir, tener parte en una cosa. Pero tener parte, en este caso, significa admitir una estructura de jerarquía preexistente en la empresa, la fábrica o la sociedad, permitiendo a los trabajadores un aporte a la dirección de algo que, en definitiva, no les pertenece. En la cogestión se cede inteligentemente una parte del poder absoluto para conciliar o superar fricciones entre empleados y propietarios, pero de ninguna manera se pone en duda quien manda, quien tiene la última palabra, quien es el dueño: el Capital, sea privado o estatal, nunca los trabajadores.

La autogestión no es participación. En la autogestión no hay dueño del capital, privado o estatal, que participe o permita que el trabajador coparticipe. Es la totalidad de miembros de una empresa la que asume su dirección y administración. No se trata de limitar el papel del “natural interés de los capitalistas” en la conducción de la empresa, sino de transformar radicalmente la manera de concebirla. Con la autogestión la empresa no tiene que desaparecer, ni perder eficiencia, ni dejar de contribuir a la satisfacción de sanas necesidades, ni desatender a las necesidades de insumos, producción, costos, régimen de beneficios, ni siquiera del capital, según lo determine. Lo que tiene que cambiar es el polo alrededor del cual giran sus intereses y el modo de alcanzarlos. Si parece imposible, es lo mismo que sucedió cuando Copérnico dijo que la Tierra giraba alrededor del Sol y no el Sol alrededor de la Tierra. Y resultó que así anduvo mejor la astronomía, aunque tardó más de un siglo en ser aceptado. Tampoco debemos olvidar que el capitalismo tardó unas cuantas centurias antes de que lograra desplazar los modos de organización social, política y económica que le antecedieron. Pero, para llegar, hay que empezar a caminar y, a caminar, se aprende caminando.

A esto se suma que la autogestión anarquista también pretende -o si se quiere es paralela a- una transformación total y radical de la sociedad, y no sólo de la empresa, porque se trata de otra versión de la revolución copernicana. En cambio, la cogestión es un sistema de participación que no tiene impedimento en coexistir con cualquier sistema político y adaptarse a cualquier organización social previa. La autogestión es un intento de modificar la organización social y la noción de política, poniendo en manos de todos y cada uno, de manera directa y sin intermediarios, todos sus asuntos.

Para redondear lo planteado, resulta pertinente citar en extenso un texto5 que enuncia una versión bastante perfilada de la propuesta libertaria, además de exponer lo que desde el anarquismo se entiende por revolución social y que puede servir como punto de partida para discusiones en torno a este tema:

Decálogo de la autogestión

1. Autogestión: No delegar el poder popular.

2. Armonía de las iniciativas. Unir el todo y las partes en un socialismo federativo.

3. Federación de los organismos autogestionarios. El socialismo no debe ser caótico, sino unidad coherente del todo y sus partes, de la región y la nación.

4. Acción directa: Anti-capitalismo, anti-burocratismo, para que el pueblo sea el sujeto activo de la historia, mediante la democracia directa.

5. Autodefensa coordinada: Frente a la burocracia totalitaria y a la burguesía imperialista, defensa de la libertad y el socialismo autogestionario, difundido mediante la propaganda por los hechos, no con actitudes retóricas.

6. Cooperación en el campo y autogestión en la ciudad: La agricultura se presta a una empresa autogestionaria, cuyo modelo puede ser el complejo agro-industrial cooperativo. En la ciudad, las industrias y los servicios deben ser autogestionados; pero sus consejos de administración han de estar constituidos por productores directos, sin ninguna mediación de clases dirigentes.

7. Sindicalización de la producción: El trabajo sindicado debe convertirse en trabajo asociado con sus medios de producción, sin burocracia ni burguesía dirigiendo patronalmente las empresas.

8. Todo el poder a las asambleas: Nadie debe dirigir en lugar del pueblo ni usurpar sus funciones con el profesionalismo de la política; la delegación de poderes no deberá ser permanente, sino en personas delegadas, no burocratizadas, elegibles y revocables por las asambleas.

9. No delegar la política: Nada de partidos, vanguardias, élites dirigentes, conductores, pues el burocratismo ha matado la espontaneidad de las masas, su capacidad creativa, su acción revolucionaria, hasta convertirlo en un pueblo pasivo, dócil instrumento de las élites del Poder.

10. Socialización y no racionalización de las riquezas: Pasar el papel protagónico de la historia a los sindicatos, las cooperativas, las sociedades locales autogestoras, los organismos populares, las mutualistas, las asociaciones de todo tipo, las auto-administraciones o autogobiernos, locales, comarcales, regionales y al co-gobierno federal, nacional, continental o mundial.

Condiciones para la autogestión

Hemos mencionado que la autogestión abarca un cambio en la sociedad, pero un cambio en la sociedad se funda en un cambio en los individuos que la conforman. Para ello queremos mencionar tres condiciones generales, aunque seguramente hay otras, que es necesario satisfacer en el camino de ir construyendo la autogestión. Debemos aclarar que no son condiciones para iniciar la autogestión, sino condiciones que estimamos hay que cumplir si queremos llevar la autogestión a los niveles de satisfacción, felicidad y éxito que estamos seguros que puede alcanzar.

La primera es que, si el cambio social es la autogestión, significa que el cambio en los individuos debe ser la autonomía, asumir la libertad del manejo de nuestros asuntos. Pero, a diferencia de lo que hoy se estimula precisamente para controlarla, la libertad implica responsabilidad en el contexto social. Por supuesto, no una responsabilidad impuesta sino autónoma, la que permite la conformación de una sociedad ética. Una sociedad en la que los individuos no sean libres sino dominados y gobernados jamás podrá conformarse como una sociedad ética. Por ello, aspirar a una sociedad regida por principios éticos, requiere que sus miembros sean libres y responsables. En el caso de la empresa, esto se traduce en que cada uno de los integrantes, aunque realice una tarea específica, debe interesarse en todos los aspectos que se incluyen, para tener una participación positiva que aporte al conjunto desde su particular punto de vista.

El segundo es uno de los más difíciles cambios a los que la autogestión obliga y es el reconocimiento de la autoridad en reemplazo de la relación de poder que rige actualmente. El poder lo podemos entender como el dominio que una persona ejerce sobre un objeto concreto, que puede ser también otra persona, o sobre el desarrollo de una actividad, mientras que la autoridad es la influencia moral que alguien tiene derivada de una virtud. Esta diferencia se manifiesta de varias maneras: el poder siempre es impuesto, la mayoría de las veces por la fuerza como único argumento, mientras que la autoridad es libremente reconocida; el poder tiende a concentrarse mientras que autoridad podemos tenerla todos si alcanzamos el ejercicio virtuoso de alguna actividad, como un médico en materia de salud, un carpintero en asuntos de madera, un campesino en el cultivo de la tierra o un filósofo en el pensar; el poder se toma, se apropia, agresivamente la mayoría de las veces, mientras que la autoridad se otorga, resulta del reconocimiento que otros le hacen a alguien de su virtuosismo como músico, como administrador, como mecánico o como panadero.

La participación de un individuo en un colectivo autogestionario, de manera tal que le permita lograr su autonomía, encierra, por un lado, la responsabilidad de adquirir alguna virtud -diríamos las más posibles, pero al menos una- mediante el estudio, la práctica, la preocupación y el esfuerzo necesario, al punto que le sea reconocida por los demás; y por otra parte la capacidad de reconocer la autoridad de los otros en los campos en que han desarrollado sus virtudes o pericias. Fácil es de apreciar que, si así fuera, el poder apoyado en la violencia y la agresión quedaría relegado, porque nunca la fuerza fue argumento suficiente para imponerse, a menos que se admita que se imponga. El abandono de las relaciones de poder y el reconocimiento de la valía y autoridad de todos y cada uno es condición para lograr la autogestión.

Finalmente, recuperar lo que Kropotkin bien señaló en el comienzo de las discusiones sobre el darwinismo y que hoy todos los estudios científicos han probado a plenitud, y es que el resultado de la consolidación de nuestra especie sobre la tierra, hasta alcanzar los niveles que actualmente tiene, es el resultado de la cooperación entre los seres humanos. El humano no es un animal violento por naturaleza, no hay en él un gen de la guerra ni tampoco es alguien que pueda hacerse solo, como reza algún malintencionado refrán. Cada uno de los adultos de la especie es el resultado de la colaboración y cooperación de otros adultos que permitieron que superara lo que es la más larga infancia que hay entre los animales. En consecuencia, la guerra, la competencia, el egoísmo, no son algo natural sino adquirido, precisamente a partir de la institucionalización de las relaciones de poder que rigen desde que comienza a imponerse en algunas sociedades la diferencia entre gobernados y gobernantes, hace unos 10.000 años. Recuperar el modelo de relaciones de ayuda mutua, solidaridad, simpatía, amistad, colaboración, que fueron predominantes durante las decenas de milenios anteriores (se estima que nuestra especie homo sapiens sapiens data de al menos 140.000 años atrás), es también condición para el éxito de la autogestión y que, a su vez, sólo su ejercicio puede hacer posible.

Utopía y autogestión

Históricamente, el capitalismo es un modo de producción que logró integrar a su lógica a todas las instituciones sociales, y a sus valores todas las diferentes culturas, en un proceso de homogeneización sin precedentes, que en los últimos tiempos se ha etiquetado bajo el término de globalización. Si en verdad no inventó los mecanismos de explotación y dominación, no es menos cierto que acentuando y separando irreversiblemente los roles sociales, circunscribiendo y empobreciendo la existencia de los productores ya víctimas de mecanismos de expropiación, el capitalismo manifiesta toda la negatividad tanto de la explotación económica, como de la dominación política y cultural, que se traducen en la creciente alienación de la humanidad.

Al respecto, y antes de proseguir, queremos dejar en claro que no reconocemos como auténticamente socialistas a los numeroso tipos de Estado que se han declarado tales, desde el nacionalsocialismo, pasando por la Unión Soviética, China, los socialismos democráticos europeos, hasta las variaciones tropicales de estos temas. Consideramos que no han sido sino versiones del capitalismo de Estado en los que la propiedad está tan alejada de la gente como en el capitalismo privado, así como los beneficios y el bienestar general, la libertad, o siquiera la igualdad ante la ley y se equiparan en el control, la manipulación y las frustraciones.

Las estructuras tecno-administrativas de la empresa capitalista contemporánea se caracterizan por su carácter burocrático y heterogestionario, donde los trabajadores, y habitantes en general, pierden toda posibilidad no digamos de control sino de participación sobre la producción y gestión del todo. De la misma manera, el llamado Estado de Derecho acaba usurpando para sí, o para su burocracia y sus especialistas de la representatividad electoral, todo papel decisorio, siendo los ciudadanos meros espectadores a quienes sólo se llama para sufragar por esas minorías. La ley, en caso de que se cumpla, deja de ser una salvaguarda de derechos o normativa de conductas, para convertirse en instrumento legalizador del dominio.

Ante la creciente presión por abandonar esta permisividad, las élites dominantes fraguan opciones que les permitan beneficiarse, y asoman invitaciones convocando a “participar” más ampliamente. Ciertas teorías del management contemporáneo, tienen como prédica central exaltar las virtudes de la participación, cooperación e iniciativa de los trabajadores, re-bautizados como colaboradores. Abolir la conflictividad social, principalmente en el aparato productivo, es consigna en boga para la dominación en la posmodernidad, a través de un corporativismo o de un paternalismo feudal que se etiqueta como “autogestionario”, “cogestionario”, “participativo”, mentando con la mismas palabras sistemas totalmente diferentes.

La autogestión libertaria nada tiene que ver con estas caricaturas. Los valores de autonomía, auto-organización, cooperación, solidaridad y apoyo mutuo fueron históricamente valores opuestos a los del capitalismo, y se manifestaron en el movimiento socialista originario, principalmente en la corriente anarquista. De esto dan cuenta las experiencias más ricas de la lucha social, partiendo de la Comuna de París en 1871, pasando por la Revolución rusa de 1917 y la Revolución española de 1936, hasta llegar al Mayo francés del 68. No es una técnica para aumentar la inversión de recursos o los beneficios empresariales gestionando con más sagacidad, ni pretende reglamentar a los trabajadores en líneas de producción –sea a la manera brutal de Henry Ford o con en el guante de seda de Toyota- u ocultar que la automatización y la robótica están liquidando la necesidad de intervención humana directa en la manufactura.

La división social del trabajo, propia del capitalismo y de las diversas modalidades de democracia, se ve en la necesidad de promover la ilusoria participación de todos, para obtener tres resultados: creciente productividad, legitimidad -combatiendo la indolencia que es una manifestación socialmente peligrosa- y minimizar la conflictividad. Es suficiente ver lo que acontece con el ausentismo, la baja productividad, el estrés y el sabotaje en muchas líneas de montaje industrial en donde se ha desatendido ese problema. En el campo político, los rituales de la participación tratan de evitar las consecuencias de que los gobernantes se elijan con muy bajos porcentajes de electores, pues ¿cómo legitimar entonces sus discursos y sus políticas?

En los movimientos sociales contestatarios, como opciones de rebeldía ante el Estado y ante los modos de articulación jerarquizada y despótica inherentes al capitalismo, puede constituirse un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria tal como hemos delineado, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación.

Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a compras de conciencia, sumisión y fraudes, desalentando al pleno desarrollo con pretextos de especialización, con la represión y violencia como amenaza o en los hechos. Si bien esto dificulta y retarda la creación y desarrollo de nuevas formas de organización autogestionaria, incluso por una temerosa resistencia a la innovación, la huella de los valores dominantes y la rutina que tienden a apartarnos de novedades que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario. Pero nadie ha comprobado que el crecimiento no implique esfuerzo, y más el crecimiento como personas.

¿Será entonces la autogestión -y más aún la autogestión generalizada- una posibilidad real? Para el anarquismo la respuesta es sí, ya que la explotación y la dominación, con la consecuente miseria y alienación, producen resistencias y se constata la presencia en la gente de imaginarios testimoniando el deseo de otra sociedad, que exprese diferentes modos de organización y de relación entre los seres humanos -aunque no siempre están claros cuáles- donde sea posible la superación del estado actual de cosas. Ciertamente que la ruta de esa alternativa social no es tan corta y lineal como algunos pensaban, o queremos, incluso porque la historia nos muestra cuánto está interiorizado en todas las clases y grupos sociales el fenómeno de la subordinación y alienación. Más aún en nuestra sociedad, masificada y paralizada por la ideología del consumo y del espectáculo, las deficiencias educativas y una estimulada indolencia a plantearse caminos alternativos. El individualismo posesivo tiene raíces culturales profundas -y hasta hay quien dice sociobiológicas– pero trae como consecuencia explotación, muerte, guerra y alienación. Sin embargo, apelamos a la mencionada contribución de Kropotkin, en ningún modo desmentida por la investigación científica posterior, evidenciando que uno de los factores decisivos de la evolución de las especies ha sido la cooperación entre sus miembros, lo que resulta especialmente visible en el caso de la trayectoria de la humanidad, que niega rotundamente este egoísmo como algo natural en el ser humano.

La cuestión reside en saber hasta qué punto las sociedades humanas son capaces de llevar adelante su proceso de aprendizaje histórico y de re-creación de las estructuras sociales; o si la fuerza conservadora de la inercia mezclada con las tramas autoritarias del poder y el miedo estimulado, pueden congelar la creatividad e insatisfacción humana que recorre la historia. El camino de la libertad (superación de la dependencia absoluta a la naturaleza y al otro, por tanto construcción de la autonomía), esa senda que los grupos sociales y los individuos buscan a través de la historia, exige el fin de las amarras de la explotación, de la dominación y de la alienación, potenciando una relación auténtica y profunda entre el individuo y los que lo rodean. Pero no es un hecho inexorable, es el resultado de una decisión y de llevarla a la práctica. Es tal el reto que deben superar los movimientos por el cambio, si no quieren perderse en el atajo de las concesiones secundarias con que el sistema de poder ha engatusado a sus antagonistas -en el pasado al sindicalismo y los partidos socialistas, hoy a los nuevos movimientos sociales-, que, en la mayoría de los casos, ha logrado hacerlos virar a clientes satisfechos de la explotación y dominación que previamente condenaban.

La organización autogestionaria -autónoma con relación al Estado, al Capital o cualquier otra instancia de poder dominante- es libre asociación por afinidad y amistad, cultivada en relaciones inter-personales desjerarquizadas, lo cual le brinda un enorme potencial como instrumento posible para el cambio social. Pero asumir esa concepción no pasa por la mera adopción de algunos vagos principios teóricos, sino por una verdadera práctica que ensaye formas de asociación que apunten a un modelo igualitario, autónomo y legitimado ante todos por la acción de todos, una simiente al menos, del proyecto de la razón utópica para la sociedad global. Un modelo de participación directa e interactiva, en el que puede haber delegación pero hecha en términos acotados, con metas definidas, tareas determinadas, durante plazos limitados, revocables en cualquier momento con una ineludible responsabilidad de los delegados, que rechace la burocratización y esclerosis administrativa de sindicatos, partidos políticos y movimientos sociales entumecidos en los formalismos, contribuyendo al enriquecimiento espiritual de cada participante7, creando una cultura alternativa, pilar de las nuevas relaciones colectivas y ruta para la re-creación de la estructura social.

Ese fue el rumbo que comenzó a ser transitado por el movimiento libertario -con sus sindicatos, ateneos, escuelas, colectividades- desde el siglo XIX, interrumpido trágicamente por una convergencia de fuerzas negativas en el primer tercio del siglo XX, pero que actualmente, tras el derrumbe del capitalismo de Estado en Europa del Este y con el capitalismo neoliberal evidenciando su incapacidad ante los problemas humanos esenciales, se está en hora de retomar con lucidez y esperanza, siguiendo las huellas que Martin Buber llamaba Caminos de utopía, que llevan a la autogestión generalizada.

Los anarquistas han soñado con, y a menudo han participado y concretado en, todo tipo de iniciativas específicas de autogestión, incluyendo un mejor aprovechamiento de la tierra, sistemas rotativos de trabajo, esquemas de socialización de la producción, administración colectiva de empresas, etc. Estas son una muestra de independencia y de la viabilidad de formas alternativas de intercambio económico, con un gran atractivo pero siempre exigiendo muchos esfuerzos y atención frente a los obstáculos que representan los burócratas de alma que, con el pretexto del “realismo”, intentan desvirtuar ideas, anular iniciativas y hasta, en caso de haberlos, destruir sus beneficios auténticos haciéndolas parte del capitalismo. Sin duda que hay muchas más opciones que esperan ser visitadas, pero lo hecho hasta ahora basta para saber que se puede.

La palabra autogestión encierra un objetivo inherente al anarquismo, pero hoy el estatismo la ha reducido a una normativa de cooperación domesticada, desvirtuada, pervertida, deformada, sin que haya ninguna concesión real de poder en la elección de las metas, ni en la conducción autónoma a través de los caminos que el colectivo decida seguir para el logro de sus objetivos, ni siquiera en la administración independiente de los recursos a gestionar. Así como se proclama “democracia participativa” al régimen en que unos pocos deciden y luego participan a los demás lo que tienen que hacer, la autogestión tal como la pregona el Estado consiste demasiadas veces en que muchos consiguen los recursos y unos pocos deciden qué hacer con ellos, si no se los quedan amparados por el mismo Estado que se los proporcionó como contribución al desprestigio del ideal igualitario. Sin duda que en esto también convergen muchos trabajadores sin ver, como decía la poetisa, que son ocasión de lo mismo que culpan. Sin embargo, el espíritu de autonomía que va con la autogestión consecuente es una de las aspiraciones anarquistas, que la promueve en todos los órdenes.

Término que no es frontera...

Siendo un aspecto tan significativo de la propuesta ácrata, dejamos al lector la recomendación de profundizar en el conocimiento de la práctica de la autogestión libertaria, para lo cual, aparte de las referencias ya indicadas, sugerimos: la abundante bibliografía sobre las experiencias de la Revolución española, donde destacan los trabajos de Mintz (1977), Bernecker (1982), Souchy y Folgare (1977), y Cano y Viadiú (s/f); el completo volumen de Volin (1977) sobre la revolución campesina de Ucrania en 1917; el resumen de la Tesis de Maestría de Alejandra León Cedeño (2000); lo apuntado en diversos trabajos de la compilación de Iturraspe (1986); y la amplia documentación disponible en la página web de la Ecocomunidad del Sur (www.ecocomunidad.org.uy), de particular interés por tratarse de un colectivo que viene reflexionando desde la base de su propia vivencia autogestionaria iniciada en la década de 1950.