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lunes, 15 de marzo de 2010

Entrevista con un miembro de Asociación contra la tortura

«El Estado de Derecho puede, en la lucha contra el terrorismo, servirse de las informaciones obtenidas en una cárcel donde se practica la tortura. Esto no implica aprobar la tortura». J. Fischer, ex ministro de Asuntos Exteriores de la RFA, EL PAIS 12-12-05.

E.Z.: La tortura en el Estado español parece un problema endémico. Actualmente ¿cómo podría definirse la situación de esta cuestión?

JC: Si atendemos a los datos en poder de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, que son muchos más de los que se incluyen en los dos informes publicados hasta la fecha, la tortura en el Estado español es generalizada. No tanto en el sentido de que en la tortura se ven implicados directamente la generalidad de los funcionarios de policía o instituciones penitenciarias, sino en que la tortura:
- Se denuncian casos en la totalidad de las naciones o comunidades del Estado.
- Se practica en todos los cuerpos de las FSE’s (Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, Policías Locales o Municipales, Policías Autonómicas, e incluso, se han detectado casos de agresiones por parte de funcionarios de algunas Policías de Puertos, etc.) así como en el de Instituciones Penitenciarias.
- Se produce en zonas rurales o urbanas.
- Afecta a personas de todas las edades, sexo, raza, origen o extracción social (si bien con importantes diferencias en cuanto al número de casos conocidos, sobre todo en el aspecto concreto de la extracción social).

Por otra parte, si al referirnos al número de funcionarios implicados en los casos de tortura o agresiones a personas privadas de libertad, incluimos a aquellos funcionaros que, sin haber participado directamente en las agresiones, muestran su apoyo explícito o implícito a estas agresiones -comunicados de los sindicatos de funcionarios de policía o prisiones, foros policiales en Internet, etc. en apoyo a los funcionarios denunciados o condenados- nos encontraos con que su número pasa a ser muy importante en relación al total de funcionarios de policía e instituciones penitenciarias existentes en el Estado.

E.Z.: En abril de 2004 el Estado español ratificó el denominado «Protocolo Facultativo a la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura». Este protocolo establece un mecanismo internacional de supervisión integrado por expertos independientes que podrán visitar cualquier centro de privación de libertad del Estado español y hacer recomendaciones para la prevención de la tortura. Asimismo, también en virtud del Protocolo, se establece que el Estado creará uno o varios órganos de visita y prevención de la tortura. ¿Qué puede suponer esta medida en la defensa de los derechos humanos?

JC: El Protocolo Facultativo a la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura puede significar un paso muy importante en la lucha contra la tortura o bien un nuevo intento de lavar la cara de los estados. Todo depende de la voluntad política con la que se ponga en marcha este mecanismo.

Si un estado está dispuesto de verdad a erradicar la tortura de las instituciones bajo su jurisdicción, ese estado tiene un importante mecanismo para hacerlo. Estos mecanismos, bien diseñados y aplicados, podrían tener un efecto positivo en la prevención de la tortura: la entrada en los centros de detención de un comité experto e independiente, la vigilancia de la custodia de detenidos, incluso incomunicados, la actuación inmediata y el control exhaustivo... estas herramientas podrían ayudar, si se tuviese interés real en ello, a evidenciar aún más la dramática situación y dar pasos en evitar que se produzca, al menos de la forma tan brutal e impune que se produce hoy en día. Pero, para ello, es imprescindible voluntad política, y es aquí donde está el verdadero problema. Y es que nuestra experiencia nos hace dudar respecto a la voluntad del Estado en el funcionamiento real de estos mecanismos.

Sabemos que la ratificación de tratados, convenios y protocolos a nivel internacional es una baza para que los Estados se vean legitimados ante el resto de los estados. Pretenden que creamos que puesto que firmamos protocolos de control, somos los campeones del respeto de los derechos humanos.

En este sentido recordemos el comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores del 4 de abril ya citado, la ratificación del Protocolo “ ...sitúa a nuestro país a la vanguardia de la defensa de los derechos humanos y, en particular, de la lucha contra la tortura. Con esta ratificación, España es hoy parte de la práctica totalidad de los convenios internacionales -universales y regionales- que regulan la promoción y protección de los derechos humanos...” [1]

Pero hay que recordar que el Estado español ha firmado y ratificado el Protocolo Facultativo, mostrando una aparente voluntad de cara a la comunidad internacional. Pero, hasta la fecha, ha demostrado una total falta de voluntad a nivel interno que favorezca el diseño práctico y puesta en marcha de esos mecanismos de prevención.

De hecho, instituciones internacionales (como el Relator Especial de las Naciones Unidas para la cuestión de la Tortura, el propio Comité Contra la Tortura de la ONU o el Comité para la Prevención de la Tortura del Consejo de Europa) encargadas de velar por las medidas que los estados ponen en marcha para prevenir y erradicar la tortura en los territorios bajo su jurisdicción, han reiterado, informe tras informe, sus quejas ante la falta de voluntad política de las autoridades españolas para llevar a cabo esta prevención.

Por otra parte, esta falta de voluntad para erradicar la tortura comienza en el rechazo a reconocer la práctica de la tortura en el Estado español: No se puede erradicar ni prevenir aquello que contra toda evidencia se niega sistemáticamente.

El Protocolo Facultativo ofrece instrumentos para combatir la tortura, pero la ausencia de voluntad política, o los titubeos en su puesta en práctica pueden vaciarlo de contenido antes de echar a andar.

E.Z.: Hay rumores de que el Defensor del Pueblo podría ser la Institución elegida por el Estado español para desarrollar el Protocolo Facultativo ¿Cómo valoras esta posibilidad?

JC: De hecho no son sólo rumores. El 3 de octubre del pasado año [2], durante una jornada organizada por la Universidad Carlos III de Getafe sobre «La aplicación en España del Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura» tuvimos conocimiento de que la Oficina del Defensor del Pueblo se autoproponía como «Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura». Pese a la oposición manifestada por las organizaciones de Derechos Humanos allí presentes, así como de los miembros de la Judicatura y Fiscalía que en la misma participaron, y con el sólo apoyo explicito del representante del Ministerio de Asuntos Exteriores, esta autopropuesta se mantiene en la publicación de la Oficina del Defensor del Pueblo correspondiente al mes de octubre de 2006 [3], donde se recoge que «...la Conferencia de la Adjunta Primera, Mª Luisa Cava de Llano, se centró en defender la posición de que es el Defensor del Pueblo la Institución que mejor preparada está para desempeñar esa tarea, básicamente porque lleva haciéndolo desde hace 23 años y ha acumulado una vasta experiencia en la materia».

Son muchos los argumentos para rechazar a la Oficina del Defensor del Pueblo como Mecanismo Nacional de Prevención. Mientras los informes de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura cada año recogen más casos de personas que han denunciado haber sido torturadas o agredidas, los informes anuales del Defensor del Pueblo [4] disminuyen el espacio dedicado a las quejas de estos ciudadanos. Al mismo tiempo, estos mismos informes evitan sistemáticamente la palabra tortura y la sustituyen, cuando inevitablemente han de referirse a agresiones por parte de funcionarios públicos, por el término «presuntos malos tratos» [5] y «trato incorrecto de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad» [6]. Ni una sola referencia a prácticas de tortura por parte de agentes de policía o carceleros.

En concreto en el último informe del Defensor del Pueblo, correspondiente al año 2005, de 1782 páginas, y hecho público en septiembre de 2006, la palabra tortura sólo aparece en tres ocasiones, y en estos casos referida a: Prácticas de las «mafias del Este de Europa» [7], una entrevista mantenida con la Asociación para la Prevención de la Tortura (APT) [8] y otra entrevista mantenida en diciembre de 2005 con el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura [9].

Por otra parte, hay que retroceder varios años para encontrar la palabra tortura asociada a prácticas policiales o penitenciarias. También habrían de tenerse en cuenta la falta de independencia de la Oficina del Defensor del Pueblo con respecto a los Poderes Públicos (su titular es elegido por las Cortes y, en la última legislatura, los cargos se han repartido entre antiguos miembros de los dos partidos mayoritarios [10]: PSOE y PP).

Asimismo, la Ley Orgánica del Defensor del Pueblo prohíbe que esta institución pueda interpelar a los miembros del Poder Judicial [11], sustrayendo de su competencia todo el proceso de investigación y sanción de los casos de tortura [12], y difícilmente puede realizarse una tarea eficaz para la prevención de la tortura renunciando de antemano a examinar y analizar la respuesta judicial a la tortura.

En definitiva, la designación de la Oficina del Defensor del Pueblo como Mecanismo de Prevención de la Tortura, sería una de las formas en que el Gobierno podría vaciar de contenido el Protocolo antes de su puesta en marcha.

E.Z.: La coordinadora para la Prevención de la Tortura ha propuesto una serie de medidas para erradicar la tortura, un hecho generalizado que, sin embargo, se niega sistemáticamente desde distintas instancias del poder. Parece haber una clara contradicción entre los acuerdos ratificados, las declaraciones oficiales y la realidad cotidiana ¿Hasta dónde creéis que está dispuesto el Estado a llegar en esta cuestión?

JC:La falta de voluntad para erradicar la tortura comienza en el rechazo a reconocer la práctica de la tortura en el Estado español y esto es lo que hacen las autoridades españolas.

En contra de la negativa sistemática a reconocer la existencia de la tortura, siquiera en casos aislados, el 17 de mayo de 2005, el Congreso de los Diputados aprobó por abrumadora mayoría (307 votos a favor, 1 en contra y 1 abstención) una moción por la que se concedía al Gobierno español un plazo de seis meses para poner en marcha medidas contra la impunidad que garanticen la protección de los derechos humanos en cárceles y otros centros de detención, como la grabación en vídeo de los detenidos durante el periodo de incomunicación, o la presencia de médicos y profesionales que garanticen que esos malos tratos no se producen [13].

Sin embargo, pocos meses después de estas «esperanzadoras declaraciones» de responsables del Gobierno, en octubre de 2006, el Gobierno español vuelve a negar la práctica de la tortura, esta vez con motivo del nuevo informe, ya mencionado, del Relator Especial de las Naciones Unidas para la cuestión de la Tortura [14], Manfred Novak. Volverá a negarlas días después, el 1 de diciembre, con motivo de la iniciativa antes indicada de la Cámara Vasca. El Delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma, calificó la misma de desleal con la democracia y volvió a afirmar que la tortura «es inexistente en nuestro país» [15]. Y, un poco más tarde, será Rodolfo Ares, portavoz de la ejecutiva del PSE-EE y miembro de la ejecutiva del PSOE, quien manifestará a la prensa que «Existe una campaña orquestada para que se denuncien torturas que no existen» [16] No hay que olvidar que, durante todo el tiempo transcurrido desde aquella declaración del Congreso de los Diputados altos responsables políticos y policiales (tanto estatales como locales) siguen negando la práctica de la tortura y/o tratos degradantes. Han apoyando públicamente a los agentes y funcionarios denunciados por estas prácticas, incluso cuando habían sido condenados por los Tribunales de Justicia. Las hemerotecas estás repletas de manifestaciones en este sentido.

La sistemática negativa a reconocer la práctica de la tortura, desde los alcaldes y responsables de las policías locales hasta los más altos responsables políticos del Estado y, desde luego, de los mandos de las FSE’s, muestran una ausencia total de voluntad real para erradicar la tortura, y no hay motivo alguno para pensar que se va a producir algún cambio en esta situación.

E.Z.: Muchas de las denuncias que habéis hecho públicas vienen de personas que han pasado por detención incomunicada o están en aislamiento penitenciario ¿qué podrías comentarnos de esta situación?

JC: Poco más se puede decir a lo ya dicho reiteradamente por las organizaciones contra la tortura y a lo recogido en los informes internacionales en relación a la aplicación de la detención incomunicada en el Estado español.

En este sentido la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, resumiendo todos esos informes, afirma que la detención incomunicada y el régimen de aislamiento penitenciario crean condiciones que facilitan la práctica e impunidad de la tortura, dotando de sistematicidad a la práctica de la tortura.

De hecho, podemos afirmar que la situación de incomunicación ya constituye en si misma un sufrimiento grave para el detenido y su familia y busca crear en aquel una «buena disposición» para declarar ante los agentes policiales. Es decir, en sí misma la incomunicación podría ser entendida como una técnica de tortura «blanca».

Por ello, este mecanismo excepcional de incomunicación deberá ser suprimido, así como aquellas legislaciones y tribunales que los utilizan y amparan (Audiencia Nacional). Asimismo, deberían suspenderse y archivarse todos los procedimientos penales sustentados en inculpaciones o autoinculpaciones arrancadas bajo tortura o amenaza de tortura a las personas detenidas.

De la misma forma, hay que exigir que todos los detenidos, incomunicados o no, tengan garantizados los derechos de acceder a un abogado de confianza antes de prestar declaración, ser examinados por médicos de su confianza y que su familia y allegados sean informados del hecho y lugar de su detención, así como su estado de salud y situación judicial.

E.Z.: La ratificación de este Protocolo contrasta con el endurecimiento generalizado de la legislación penal. La aplicación de largas condenas (cadena perpetua encubierta), en especial a delitos de terrorismo ¿no podría considerarse como una forma de tortura sistemática?

JC: La tortura viene definida por la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura como: «todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia.» Pero también es verdad que los Estados que suscribieron esta Convención se guardaron las espaldas al incluir en la misma definición de tortura el siguiente párrafo: «No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas».

El endurecimiento de la legislación penal, con la aplicación de una «cadena perpetua» encubierta, en todas sus variantes, con la aplicación de castigos añadidos a la pena impuesta por los Tribunales (dispersión, etc.) tiene el claro objetivo de conseguir que determinadas personas abandonen sus convicciones políticas y para ello se inflige a estas personas, intencionadamente y por funcionarios públicos, dolores o sufrimientos graves. Esto entra de lleno en la primera parte de la definición de tortura que efectúa las Naciones Unidas y, en mi opinión, estás prácticas constituyen una aplicación encubierta de la tortura.

Evidentemente, el segundo párrafo deja a estas prácticas fuera de esta definición y, aprovechándose de este segundo párrafo, es como muchos estados están introduciendo, por la puerta de atrás, la tortura en sus legislaciones.

E.Z.: Da la sensación de que, aunque la cuestión de la tortura sea muy difícil de defender de forma abierta y explícita, se producido de facto una cierta naturalización o justificación práctica de la misma (ej. Israel, EEUU en Irak, España en el caso de los detenidos bajo la acusación de terrorismo...) ¿A qué crees que responde esta situación?

JC: Pocos conceptos como el de tortura provocan una reacción tan unánime en las personas. Con independencia de su cultura, credo o condición, todos mostrarán su rechazo, su repugnancia ante la misma Cuando alguien quiere indicar lo insufrible que resulta una situación, sea o no ésta política, la calificará de tortura.

Pero frente a esta repugnancia instintiva últimamente y no solamente a raíz de 11-S, se han publicado diversos trabajos que justificarían la tortura; pero, también en estos casos, el autor muestra su repugnancia por «verse obligado» a utilizar estos métodos y sólo lo hace como un mal menor. Incluso se ha llegado a justificar la tortura (Alemania: ante la detención de una persona acusada de haber secuestrado a un niño, agentes de policía y miembros de la Fiscalía justificaron someter a tortura al detenido, que efectivamente fue torturado). También se han producido propuestas para legalizar la tortura (Italia: donde un senador de la Liga del Norte propuso permitir la tortura a un detenido, eso sí, una sola vez. La segunda sesión de tortura sería ilegal), e incluso se ha publicado un pretendido estudio científico que propone la legalización de la tortura.

Los casos de Israel, con el llamado «uso de la fuerza física moderada», o las normas de interrogatorio a los detenidos en Irak y Guantánamo no son únicos (ni siquiera posteriores al 11-S). De una forma más discreta está vigente en otros países: en España, por ejemplo, donde el uso de «la fuerza mínima necesaria para reducir al detenido» encubre en numerosas situaciones casos de tortura.

E.Z.: Según se desprende de los informes anuales de las asociaciones de derechos humanos, el porcentaje de casos de tortura relacionados con detenidos por terrorismo es relativamente bajo en relación al total, sin embargo, parece existir una imagen social que -en el mejor de los casos- asocia tortura a terrorismo ¿a qué se debe este estereotipo? ¿Puede haber algún tipo de intencionalidad en la existencia del mismo?

JC: De la lectura de esos informes se desprende que esa asociación entre denuncias por tortura y terrorismo es claramente falsa. En el último informe de la Coordinadora para la Prevención de la Tortura que recoge 596 situaciones de tortura a lo largo del año 2005 en el Estado español, «sólo» 77 casos -el 12,91%- se corresponden con denuncias de personas detenidas bajo la acusación de pertenencia o colaboración con banda armada. En el informe anterior, de 2004, este porcentaje era del 5%. Entre estos valores se han venido manteniendo otros informes como los publicados por la Asociación Contra la Tortura en los años 90.

La gran mayoría de los casos de tortura conocidos en el Estado español son ajenos a cualquier fenómeno de violencia política, pero, sin embargo, en los supuestos de detención bajo la aplicación de las legislaciones antiterroristas, la práctica de la tortura es más sistémica. En estos casos la proporción entre el número de personas detenidas bajo esta legislación y el número de denuncias formuladas es mucho mayor que en otros casos. También es mayor la repercusión que estos casos tienen en los informes internacionales y en los medios de comunicación, y es aquí donde se genera esa imagen social de la que hablas.

El estereotipo al que aludes existe -y para ello no hay que examinar las hemerotecas- pero esta imagen falseada tiene, al menos, dos aspectos. Uno tiene que ver con el apoyo que tienen las personas que son torturadas. En el caso de militantes políticos este apoyo es relativamente importante, por lo que sus casos serán difundidos y, por ello, conocidos por las organizaciones internacionales de DD.HH. No ocurre así con aquellas personas que pertenecen a colectivos marginales y no tienen posibilidad alguna de hacer conocer su caso. En muchas ocasiones ni siquiera conocen que tienen derecho a denunciar, y aún en estos casos, no tienen contacto con quienes podrían ayudarles a denunciarlo, o tienen temores fundados a hacerlo. Es el caso de migrantes presos, personas detenidas por pequeños delitos contra la propiedad o en relación con el «trapicheo» de drogas a pequeña escala.

Otro aspecto se refiere a la interesada identificación de «denuncia falsa por torturas» a «terrorismo», y ese interés se transforma en la identificación entre «terrorismo» y «tortura». Con esta identificación se busca desacreditar a los denunciantes de tortura, así como a las personas detenidas bajo la acusación de terrorismo. En el primer caso, al identificar al denunciante de torturas como «terrorista», alguien peligroso y que se pone al margen de la sociedad, se le hace acreedor del mayor rigor en la pena que, merecidamente, le será impuesta. En el segundo caso, se identifica al detenido bajo la aplicación de la legislación antiterrorista como un mentiroso, alguien que no merece ninguna credibilidad ni en su denuncia ni en los objetivos políticos que dice defender, que se pretenden tan falsos como su denuncia de haber sufrido torturas. En ambos casos, se busca reforzar la imagen de las FSE’s y de un modelo policiaco de la sociedad.

jueves, 25 de febrero de 2010

Dehesa Libertaria: nuestro programa

En el mundo libertario convive una gran cantidad de diferentes colectivos, corrientes, maneras de pensar, sentir y luchar. Lo que nosotros perseguimos es mantener una vía de comunicación anticapitalista y libertaria en Extremadura para expresar nuestras ideas fuera de la versión oficial que nos dan los medios de comunicación de masas.

Esto ni queremos ni podemos hacerlo solos. Por eso te llamamos a colaborar a ti, que nos estás leyendo, a construir este medio, enviándonos noticias, convocatorias, comentando las entradas, creando debate, difundiendo el sitio, aportando lo que creas que puede ser útil (porque seguramente lo será, y mucho).

Como habrás visto, no tenemos ni tendremos publicidad comercial en la web por una simple y lógica razón de coherencia. Por ello, te pedimos que hagas lo posible para difundir el sitio, recomendándolo a tus compañeros o amigos, enlazándonos en tu web, blog, etc., contando con nosotros para difundir cualquier problema comunitario, cualquier lucha contra el poder y el capitalismo, cualquier expresión artística, cualquier opinión.

Nuestro objetivo es analizar los acontecimientos de nuestro entorno desde una perspectiva libertaria, pero también recibimos con los brazos abiertos iniciativas que no sean específicamente libertarias, siempre que no sirvan de lucro a nadie ni defiendan a partidos políticos ni ninguna otra forma de poder. Trataremos de poner nuestro grano de arena en construir un mundo mejor, transmitiendo la cultura libertaria y mostrando nuestra solidaridad con las causas de los oprimidos.


Nuestros principios

Rechazo a toda autoridad: ni Estado ni propiedad privada

Ante todo combatimos cualquier autoridad, entendida como jerarquía, porque ésta imposibilita el libre pensamiento y desenvolvimiento de la persona. La mente humana se adormece en sumisión y consideramos que ninguna persona puede tener poder de coacción sobre otra. La autoridad concentra el poder de decisión en manos de unos pocos, anulando a todos los demás.

Por tanto, nos oponemos a cualquier forma de gobierno, sea o no democrático, porque obliga a la gente a delegar su decisión en una minoría privilegiada que actúa por su propio beneficio y utiliza la represión para perpetuarse. Por extensión, también combatimos los brazos armados y demás sistemas de represión, como son la policía, el ejército y las cárceles, que se ceban con los inadaptados a un sistema enfermo.

Tampoco podemos olvidar la expresión autoritaria omnipotente en nuestros días que es la propiedad privada, la cual pone los medios de producción en manos de unos pocos, quienes nos obligan a trabajar según sus criterios a cambio de los medios de subsistencia que ellos mismos acaparan, con el único resultado del enriquecimiento de ese mismo grupo de personas. El capitalismo, además de crear ingentes cantidades de miseria en los países del tercer mundo y clases precarias en el primero, nos obliga a invertir nuestro tiempo, perdiéndolo nosotros, para enriquecer a otros.

Por último, rechazamos de igual forma la autoridad ejercida como producto de la perpetuación a lo largo de la historia de roles de sumisión derivados del poder. Nos oponemos a cualquier discriminación, como el racismo, la homofobia, el patriarcado...

Horizontalidad: autogestión y libertad

Nuestra lucha es construir un mundo igualitario y eso no puede conseguirse realmente sin un sistema horizontal a la hora de tomar decisiones. Por tanto, entendemos que el gobierno no es sólo innecesario, si no también perjudicial, y nuestro modelo es el de la libre asociación y disociación en organizaciones horizontales. Nuestras unidades básicas de decisión son las asambleas, donde todos tengamos voz y voto, y desde allí construimos una coordinación, de abajo a arriba, mediante federaciones de asambleas como éstas libremente quieran.

Queremos la igualdad pero rechazamos la uniformidad. No queremos que nadie se alce sobre las espaldas de nadie y queremos que cada uno tenga el derecho de vivir y desarrollarse personalmente como a él le parezca. Defendemos el derecho a la diferencia, a la disidencia, incluso al individualismo, aunque no lo compartamos, ya que crear un sistema de opresión para reprimir al individuo que se considere “desviado” nos condena irremediablemente a todos por igual.

Apoyo mutuo: la base imprescindible de otra sociedad

Para que un mundo así funcione, necesitamos alimentar aquella cualidad que el sistema capitalista, basado en la competición, y por otra parte la opresión del poder, basado en la sumisión y la pasividad, nos ha adormecido: la solidaridad. Éste es un sentimiento natural de las personas.

Como dice el dicho: la unión hace la fuerza. El poder halló la manera de unir a un gran número de gente y hacer fuerza bajo una bandera, bajo la opresión. Nosotros, para enfrentarlo, necesitamos también unión, pero mediante la solidaridad consciente, voluntaria y comprometida de las personas. Es decir, el apoyo mutuo entre los iguales no sólo es algo natural en el ser humano, si no también una cualidad necesaria para ser libres. No seremos verdaderamente libres hasta que no derribemos el poder y no lo haremos hasta que no seamos capaces de hacer una fuerza mediante el apoyo mutuo.

La solidaridad, el apoyo mutuo, es nuestra fuerza y hacerla efectiva día a día, de manera enérgica, es la única manera de vencer.

martes, 9 de febrero de 2010

La rebeldía es la penúltima enfermedad inventada

Miguel Jara //
El miedo inducido y sus efectos colaterales han llegado muy lejos. Lo comprobamos estos días de “pánico global” por la difusa extensión de la gripe que empezó siendo porcina y ahora es A. Durante los últimos años los laboratorios farmacéuticos están dedicando grandes esfuerzos a expandir enfermedades que no lo son o que no tienen la prevalencia que nos hacen percibir. El fenómeno se conoce como disease mongering, tráfico o venta de enfermedades. El objetivo es que todo el mundo esté medicado para algo; el concepto de enfermedad está estirándose todo lo posible para abarcar a la mayor cantidad de personas que sean catalogadas como “enfermas”, aunque no lo estén, claro. Algunas de las enfermedades inventadas son dramáticas pero hoy les voy a hablar de una de las más jocosas: la rebeldía. Sí, la rebeldía también es una “enfermedad”.

Uno de los laboratorios interesados en vender un remedio -metilfenidato (Concerta)- para esta grave patología explica en la web, creada expresamente para promocionar el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), que entre los trastornos presentes junto al TDAH, está el Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD). Aunque lo parezca no es una broma. El TOD fue incluido por primera vez en el manual DSM III-R. Éste es el libro que actúa como “Biblia” de la psiquiatría. Según la farmacéutica citada, el Trastorno Oposicionista Desafiante:

Consiste en un patrón de conductas negativistas [sic], hostiles y desafiantes presente de forma persistente durante al menos 6 meses. Dichas conductas incluyen discusiones con adultos [está especialmente pensado para niños y niñas], rabietas y enfados, negativa a cumplir las normas establecidas o las órdenes de los adultos, mentiras, culpar a otros de malas conductas propias y resentimiento”

Creo que no es exagerado decir que casi cualquier persona que esté leyendo esto habrá sentido al menos parte de su infancia exhibida en el catálogo de “horrores patológicos” del que nos advierte con tan preocupada intención Janssen-Cilag. Para entender el, aquí sí, enfermizo paroxismo del laboratorio, es muy útil darle la vuelta al argumento, si es que puede catalogarse así esta retahíla acientífica. ¿Existen personas que al menos durante una época de su vida no han discutido con adultos o no han tenido rabietas o enfados? ¿Existen personas que prácticamente siempre durante su infancia o adolescencia han cumplido todas las normas establecidas o las órdenes de sus “superiores” los adultos? Quizá, pero no creo que sea el caso de la mayoría de ustedes.

Lo que define el laboratorio Janssen-Cilag como una peligrosa enfermedad es la rebeldía. Quizá no sea casualidad que una de las sociedades menos rebeldes que la Humanidad ha conocido (me refiero a la actual, claro) coincida con la era del “todos enfermos” que vivimos. Quizá algunos gobiernos e industrias tengan gran interés en “patologizar” a los jóvenes desde la cuna. Porque quizá el autoritarismo democrático e industrial está sembrando en occidente los vientos de desobediencia que recogerán estas y próximas generaciones.

Al catalogar la rebeldía como una enfermedad, la industria farmacéutica, uno de los sectores estratégicos básicos del último capitalismo, en connivencia con los gobiernos a los que subvenciona sus campañas electorales para generarles dependencia[1], consigue dos objetivos: extender mercados hasta el infinito y generar control social fomentando actitudes sumisas y ofreciendo las pastillas “socialcalmantes” a quienes se muestren “diferentes”. Y los médicos que no colaboren con este propósito que tengan cuidado pues también serán considerados rebeldes.

El escritor Juan Gelman describe muy bien la situación en su artículo La doma de los jóvenes bravíos:

Hay una verdadera parafernalia para lograrlo en EE.UU. y el remedio es sencillo: consiste en criminalizar y más, en patologizar a los jóvenes norteamericanos rebeldes, disconformes con el autoritarismo y que lo retan. Se los considera trastornados mentales y carne de tranquilizantes, anfetaminas y otras sustancias psicotrópicas. La Asociación Estadounidense de Psiquiatría bautizó la presunta patología en 1980: porta el nombre de desorden de oposición desafiante (ODD, por sus siglas en inglés) y no se aplica a los delincuentes juveniles. Más bien a quienes no incurren en actividades ilegales, pero muestran ‘un comportamiento negativo, hostil y desafiante”

Como en tantas ocasiones la búsqueda de los orígenes, de las causas, de estos problemas, si es que lo son, se posterga hasta el infinito, quizá porque de buscarlo nos quedaríamos sin problema. Es más, como podemos comprobar, de estos “trastornos mentales” se destacan los aspectos negativos y se llevan al paroxismo para infundir temor, lo que puede ocultarnos los aspectos positivos de la personalidad. Cada persona es diferente y creo que es más constructivo preguntarnos en qué está pensando un niño cuando está distraído o cuando se representan los síntomas de eso que denominamos hiperactividad. Porque tal vez, esas actitudes que calificamos de patológicas son la manifestación de una inteligencia por encima de la media o de una personalidad creativa o el afilado aguijón de una vocación artística. Si consideramos estas condiciones enfermizas y las medicamos -las sometemos artificialmente con la química tóxica-, podemos estar asistiendo a una nueva quema de libros que en vez de desarrollarse durante la negra noche nazi en la Bebelplatz de Berlín, se estaría llevando a cabo todos los días en cualquier parte del mundo que consideramos civilizado.


[1] El capítulo El lobby farmacéutico entra en política del libro Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad (Icaria Editorial, 2007) pp. 266-285 abunda en esta cuestión.

miércoles, 20 de enero de 2010

Camino libertad, de Felipe Saraiva

Felipe Saraiva - Más escritos suyos aquí

Camino libertad

marcar el camino
y que después
cada uno aporte lo que sepa

marcar el camino
con piedrecitas
e ir construyendo
un camino transitable
un futuro posible
de libertad

marcar el camino
con nuestras ideas
con nuestros sentimientos
con nuestras entrañas abiertas

marcar el camino
hacerlo vida
inventarlo cada día

marcar el camino
abrirlo a nuevos pasos
sembrar flores a los bordes
y esperar

esperar creando
esperar viviendo
esperar sintiendo
esperar aportando

marcar el camino
para que otros
otras puedan seguir marcando

marcar el camino
libre
para que pueda ser
transitado

marcar el camino
y cuando estemos cansados
sentarnos
a la sombra de un árbol
que un día en el pasado
entre todos plantamos...

marcar el camino
abrirlo a nuevos pasos

martes, 15 de diciembre de 2009

Insurrección en Grecia: Reflexiones, sucesos y comunicados sobre el levantamiento

La revuelta en Grecia ha demostrado los sentimientos reales de la población, de la juventud sobretodo, pero no solo. El hecho de que no se parase la lucha aún cuando se sabía que el estado iba a tomar represalias contra los policías que llevaron a cabo el asesinato indica que se sabía que no era un hecho aislado sino parte del capitalismo, y que por tanto seguirían sucediéndose hechos similares. La gente no quería tapar uno de tantos errores del sistema sino mostrar con acciones el rechazo a un sistema que necesita de dichos “errores” para mantenerse. De la misma forma que el hambre en el Tercer Mundo no se sacia con donaciones sino mediante la formación de una sociedad justa e igualitaria, los asesinatos policiales no se solucionan reprimiendo al asesino sino eliminando el monopolio de la fuerza por parte del estado.

Pero tampoco hay que engañarse respecto a los objetivos de la revuelta, la mayoría de los manifestantes declaraban motivos de orden económico, aunque les hubiese empujado a la lucha el asesinato de Alexandros. Las fallidas reformas económicas han sido más importantes a la hora de desatar la furia que el odio contra el sistema como un todo. Lo que es interesante atisbar en las movilizaciones es el alcance de unas herramientas que les permitan subir a cumbres más altas. Cuando los medios son limitados no existe la posibilidad de alcanzar fines ilimitados, pero al recoger las armas de largo alcance que los anarquistas griegos han difundido, para una buena parte del pueblo griego se presentan mayores probabilidades de atacar al sistema en su totalidad en un futuro . Poder es querer, y no al revés. Si lo pacífico y el diálogo solo sirven para reformas parciales que serán contrarrestadas por retrocesos en otros ámbitos, la respuesta decidida contra los que solo ofrecen un diálogo contaminado desde el principio desenmascara al verdadero enemigo, aquel contra el que hay que luchar incesantemente.

Respecto a las posibilidades que nos abre el momento actual, el enemigo real solo se vislumbra en momentos de conflictividad generalizada, nunca a escala reducida. Miles de Atenas en llamas repartidas por todo el mundo nos llevarán a la verdadera zona de combate, hasta entonces solo cabe prepararse y abrir el camino poco a poco, en todos los frentes. La única lucha real es aquella que se enfrenta al núcleo escondido tras los fantasmas de los falsos enemigos y aliados. La realidad de la lucha se descubre tras ganar la lucha por lo real.

Leer el texto completo en Klinamen

jueves, 1 de octubre de 2009

Campaña contra la represión

sábado, 12 de septiembre de 2009

Diseño gráfico libertario en Extremadura

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sábado, 29 de agosto de 2009

Dos revolucionarios

El revolucionario viejo y el revolucionario moderno se encontraron una tarde marchando en diferentes direcciones. El sol mostraba la mitad de su ascua por encima de la lejana sierra; se hundía el rey del día, se hundía irremisiblemente, y como si tuviera conciencia de su derrota por la noche, se enrojecía de cólera y escupía sobre la tierra y sobre el cielo sus más hermosas luces.

Los dos revolucionarios se miraron frente a frente: el viejo, pálido, desmelenado, el rostro sin tersura como un papel de estraza arrojado al cesto, cruzado aquí y allá por feas cicatrices, los huesos denunciando sus filos bajo el raído traje. El moderno erguido, lleno de vida, luminoso el rostro por el presentimiento de la gloria, raído el traje también, pero llevado orgullo, como si fuera la bandera de los desheredados, el símbolo de un pensamiento común, la contraseña de los humildes hechos soberbios al calor de una gran idea.

-¿A dónde vas? -preguntó el viejo.

-Voy a luchar por mis ideales -dijo el moderno-; y tú, ¿a dónde vas? -preguntó a su vez.

El viejo tosió, escupió colérico al suelo, echó una mirada al sol, cuya cólera del momento sentía él mismo, y dijo:

-Yo no voy; yo ya vengo de regreso.

-¿Qué traes?

-Desengaños -dijo el viejo-. No vayas a la revolución; yo también fui a la guerra y ya ves cómo regreso: triste, viejo, maltrecho del cuerpo y espíritu.

El revolucionario moderno lanzó una mirada que abarcó el espacio, su frente resplandecía; una gran esperanza arrancaba del fondo de su ser y se asomaba a su rostro. Dijo al viejo-:

-¿Supiste por qué luchaste?

-Sí: un malvado tenía dominado el país; los pobres sufríamos la tiranía del gobierno y la tiranía de los hombres de dinero. Nuestros mejores hijos eran encerrados en el cuartel; las familias, desamparadas, se prostituían o pedían limosna para poder vivir. Nadie podía ver de frente al más bajo polizonte; la menor queja era considerada como acto de rebeldía. Un día un buen señor nos dijo a los pobres: “Conciudadanos, para acabar con el presente estado de cosas, es necesario que haya un cambio de gobierno; los hombres que están en el poder son ladrones, asesinos y opresores. Quitémoslos del poder, elíjanme presidente y todo cambiará.” Asi habló el buen señor; en seguida nos dio armas y nos lanzamos a la lucha. Triunfamos. Los malvados opresores fueron muertos, y elegimos al hombre que nos dio las armas para que fuera presidente, y nos fuimos a trabajar.

Después de nuestro triunfo seguimos trabajando exactamente como antes, como mulos y no como hombres; nuestras familias siguieron sufriendo escasez; nuestros mejores hijos continuaron siendo llevados al cuartel; las contribuciones continuaron siendo cobradas con exactitud por el nuevo gobierno y, en vez de diminuir, aumentaban; teníamos que dejar en las manos de nuestros amos el producto de nuestro trabajo. Alguna vez que quisimos declararnos en huelga, nos mataron cobardemente. Ya ves cómo supe por que luchaba: los gobernantes eran malos y era preciso cambiarlos por buenos. Y ya ves cómo los que dijeron que iban a ser buenos, se volvieron tan malos como los que destronamos. No vayas a la guerra, no vayas. Vas a arriesgar tu vida por encumbrar a un nuevo amo.

Asi habló el revolucionario viejo; el sol se hundía sin remedio. como si una mano gigantesca le hubiera echado garra detrás de la montaña. El revolucionario moderno se sonrió, y repuso:

-Compañero: voy a la guerra, pero no como tú fuiste y fueron los de tu época. Voy a la guerra, no para elevar a ningún hombre al poder, sino, a emancipar mi clase. Con el auxilio de este fusil obligaré a nuestros amos, a que aflojen la garra y suelten lo que por miles de años nos han quitado a los pobres. Tú encomendaste a un hombre que hiciera tu felicidad; yo y mis compañeros vamos a hacer la felicidad de todos por nuestra propia cuenta. Tú encomendaste a notables abogados y hombres de ciencia el trabajo de hacer leyes, y era natural que las hicieran de tal modo que quedaras cogido por ellas, y, en lugar de ser instrumento de libertad, fueron instrumento de tiranía y de infamia. Todo tu error y el de los que, como tú, han luchado, ha sido ése: dar poderes a un individuo o a un grupo de individuos para que se entreguen a la tarea de hacer la felicidad de los demás.

No, amigo mío; nosotros, los revolucionarios modernos, no buscamos amparos, ni tutores, ni fabricantes de ventura. Nosotros vamos a conquistar la libertad y el bienestar por nosotros mismos, y comenzamos por atacar la raíz de la tiranía política, y esa raíz es el llamado “derecho de propiedad”. Vamos a arrebatar de las manos de nuestros amos la tierra, para entregársela al pueblo. La opresión es un árbol; la raíz de este árbol es el llamado “derecho de propiedad”; el tronco, las ramas y las hojas son los polizontes, los soldados, los funcionarios de todas clases, grandes y pequeños. Pues bien: los revolucionarios viejos se han entregado a la tarea de derribar ese árbol en todos los tiempos; lo derriban, y retoña, y crece y se robustece; se le vuelve a derribar, y vuelve a retoñar, a crecer y a robustecer. Eso ha sido asi porque no han atacado la raíz del árbol maldito; a todos les ha dado miedo sacarlo de cuajo y echarlo a la lumbre. Ves pues, viejo amigo mío, que has dado tu sangre sin provecho. Yo estoy dispuesto a dar la mía porque será en beneficio de todos mis hermanos de cadena. Yo quemaré el árbol en su raíz.

Detrás de la montaña azul ardía algo.- era el sol, que ya se había hundido, herido tal vez por la mano gigantesca que lo atraía al abismo, pues el cielo estaba rojo como si hubiera sido teñido por la sangre del astro.

El revolucionario viejo suspiró y dijo:

-Como el sol, yo también voy a mi ocaso. Y desapareció en las sombras. El revolucionario moderno continuó su marcha hacia donde luchaban sus hermanos por los ideales nuevos.

Ricardo Flores Magón
Regeneración, 31 de diciembrel de 1910

Fuente: http://www.kalvellido.net/2009/08/27/y-no-me-kedan-fuerzas-para-ir-a-kemar-el-mundo/